viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-09-15 01:53

Cavilando

Escrito por: Ernesto 
 Cabrera Tejada | septiembre 15 de 2017

La puntualidad es una gran enseñanza que nos dejó la visita del papa Francisco, es el respeto al tiempo de los demás.

Contrario a lo que sucede  en nuestro entorno, algunos  creen  que hacer esperar a la gente les genera importancia y  poder. No les importa el tiempo ajeno,  irrespetan  llevándose de paso la dignidad con que se debe entablar una relación.

Sucede y es muy común en las oficinas estatales y ahora en ciertas oficinas de las tres o cuatro instituciones de alguna relevancia  que se pueden encontrar en ciudades como esta. Precaria atención, vacas sagradas, reglas estúpidas,  imponencia, desconocimiento y pésimos modales que incitan al desafío antes que al servicio, conllevan imposición  antes que relación,  un mal poder inventado que rompe las normas de la puntualidad.

Ahora que las mayorías descubren la libertad de pensamiento y entienden que es un derecho fundamental, aprenden a tomar parte  en la vida  comunitaria,  a gozar de los beneficios y a participar del progreso de las organizaciones públicas, privadas o mixtas componentes del estado. Ese mismo derecho genera libertad de opinión y expresión que incluyen el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

A ello nos invitó el papa Francisco a través de su emotiva prédica  en la libertad de pensamiento a través de  los jóvenes  “no se dejen robar  la  alegría ni la esperanza”.  ¿Cómo puede influenciarse positivamente el pensamiento de los individuos si el componente de su entorno es una constante de desatención, un asalto a su inocencia y un desconocimiento  programado en las falacias de sus dirigentes? Con verdades emotivas como las del papa Francisco, “No se dejen robar la alegría ni la esperanza, que nadie se las robe ni los engañe”.

Es hora de que los líderes, gerentes, directores, rectores, alcaldes y gobernador muestren su condición, desafíen las opiniones que les sindican en nombre de sus propias convicciones, la honestidad se demuestra con puntualidad, con servicio, con exigencia y trato digno a quienes les soliciten. ¿Cuánta dignidad y respeto por los ciudadanos les queda a los dirigentes hoy?