viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-10-13 10:23

Cavilando

Escrito por: Ernesto 
 Cabrera Tejada | octubre 13 de 2017

Varias veces entendí el fútbol como una expresión pública hecha por únicos momentos, que estalla una suerte de unanimidad. También entendí que otras expresiones que hacen incoherencia, política, jurídicas, económicas y sociales por arte de magia desaparecieron de la mano del fútbol.

Del partido jugado por la selección Colombia con Paraguay en Barranquilla el pasado jueves 5 de octubre al jugado en Lima contra Perú el pasado martes 10, el futbol acciono unanimidad. Nos reencontramos como país de manera excepcional en un solo sentimiento coincidente. En la unificación del sentimiento colectivo de manera placida no hubo como en otras estancias refriegas, denuncias, imposiciones y corruptos;  hubo goles porque vivíamos el fútbol.

Exploto en esos cinco días ese patriotismo plácido que relego las amarguras por  sentimientos de rabia y revancha. Hemos encontrado expresiones que releven destrucción de las incoherencias que nos hacen daño. Pero ello no implica que gritar con fervor y darnos la mano vayamos a olvidar esas cosas pavorosas que provocan diferencias, por el contrario se  generan inquietudes que arrojan luz sobre nuestro propio destino que no es casual.

Si Colombia tiene un destino, entonces los colombianos también lo tenemos. Pero no un destino obligado, mejor  un destino flexible y lleno de sucesos quizá desconocidos, pero no por ello inexistentes. Un destino marcado por la unanimidad y como producto de mayor equidad, madurez democrática y práctica deportiva. Pero desconocer ese destino implica que no podríamos influir sobre él y quedaríamos liberados a nuestra propia suerte.

Lo que sí podríamos hacer, desde ahora, es reconocer en nuestro destino, sus irregularidades y trabajarlas. Como evento colectivo que convoca a multitudes, el fútbol se presta a la unanimidad. Cuando Colombia íntegro grita "gol", toma una penetrante conciencia de su existencia. Es menos poético, pero innegable. El grito del "gol" está unido irreversiblemente a la multitud que lo proclama más allá de sus diferencias religiosas, políticas o ideológicas. Colombia por encima de todo, “es” cuando miles de colombianos la invocan al unísono de manera decisiva. Ésta es, hoy, la proclama futbolística de la colombianidad.


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