jueves, 09 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2018-01-05 03:17

Cavilando

Escrito por: Ernesto 
 Cabrera Tejada | enero 05 de 2018

El periodismo es un ejercicio fragmentario. Jacobo Timerman solía decir que lo peor que puede hacer un periodista es pretender meter el mundo en un artículo. Hablando o escribiendo, los periodistas analizamos una fina rodaja del mundo por vez, el "hoy y aquí" de cada día, condenados a no alcanzar la visión global del libro.

Poder recorrer el país en sus lisas carreteras nos llena de emoción y fantasía frente a la realidad. Rodamos el país y entramos sus pueblos, sus gentes y las angustias de todos por sobrevivir, mientras viajamos el disfrute otros trabajan para ello, es el equilibrio del turismo. Pero más allá de esos y otros contenidos del contexto turístico, está el afán de servir, de no dejar ir a un cliente en la insatisfacción y el amargo de no querer volver y de paso no querer que otros pasen por experiencias penosas.

Sucede a menudo, somos un país encantado por servir pero sin servicio, a donde han ido a para las millonarias inversiones que por el interés del turismo han buscado el sueño del Huila turístico y casi siempre despertamos con las mismas pesadillas y si damos una vuelta ahondamos y reconocemos que las equivocaciones y la falta de un realismo que trascienda y rompa paradigmas de egoísmo y corta visión y nos encontremos en ese convocado desafío del renacimiento.

La historia moderna de Colombia  rueda por amplias vías aun contagiadas de  malas obras y en abandono, en cualquier lugar la gente se queja, les faltan tantas cosas, pero sonríen y quieren no dejarte ir sin que estés satisfecho, te preguntan, te ofrecen, te quieren y se alegran de que esta es pasando por allí.

De Neiva a la costa recorriendo, Tolima, Cundinamarca y su Bogotá fastuosa, generosa este primero y dos de enero con avenidas para rodar a su antojo.

Las hermosas tierras de Boyacá y las Bravas de Santander, las ricas del Cesar y la muy cuestionable costa atlántica con las tres perlas que lucen atiborradas, sucias, pareciera abandonadas, llenas de gentes, turistas, vendedores, habitantes normales y mucho desocupado.

A Colombia le empieza a sobrar gente. Le empieza a faltar servicios para satisfacer su movilidad, su recreación, descubrir espacios donde invertir y emigrar.


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