Cavilando
El bochorno del medio día en un restaurante de la refinería en Barrancabermeja en los años ochenta se aderezó con la descomunal gresca que formaron sindicalistas porque no había mayonesa. El ajuar y la comida de más de trescientas personas voló en destrozos…miserables, nunca volví, pero sentí tanto temor como cuando la guerrilla hacia retenes, secuestraban y asesinaba. Eran hombres iguales, llenos de odio y dispuestos a todo mal encubiertos por un fuero sindical.
30 años para ratificar ahora que el revés de la fuerza sindical en el país por cuenta de la declarada ilegal huelga de algunos pilotos tendrá serias repercusiones no sólo en quienes de manera irracional, orientaron un proceso particular fallido, sino para el gremio sindical nacional.
De ante mano el sindicalismo en el país, lejos de ser visto como una actividad legal de reivindicación de los derechos de todos los trabajadores, es tenido por muchos como un ejercicio de “antagonismo social”. Ha tenido una percepción negativa con una muestra casi siempre de confrontación, protestas, huelgas o boicots.
La negada esencialidad al ejercicio de la aviación, evidencio lo arcaico del pensamiento de los pilotos sindicalizados que hizo que el país entero se sintiera timado y desestimado. (-el alto tribunal, partió del hecho de que el transporte aéreo ha sido catalogado formalmente como un servicio público esencial. Y, dejó en claro que su suspensión ponía en riesgo la salud, la seguridad y la vida de la población) De acuerdo con la doctrina de los organismos de control de la Organización Internacional del Trabajo, la definición de los servicios esenciales depende de las condiciones propias de cada país.
El sindicalismo es cuestionado por su nula e incorrecta capacidad de articular y representar el interés público y social del trabajador. Es necesario que se recupere el espacio de libre expresión y pensamiento; que se produzca la verdadera unión política del trabajador; que los sindicatos realmente sean dirigidos por los obreros y no por grupos con intereses personales.
Los sindicatos son necesarios, pero como el de Barranca entonces (USO) y ACDA ahora, no sirven.
