miércoles, 08 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2018-11-24 12:54

Canasta familiar y corrupción

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | noviembre 24 de 2018

A decir verdad, la economía colombiana va de mal en peor, de peor en pésimo y es toda una hecatombe social la que nos espera en los próximos días, meses y años, ante la imposibilidad de combatir como se debe, la CORRUPCION. Y especialmente ante la ineficacia, la inefectividad y la desidia de las autoridades de control, de justicia y de administración de la cosa pública.
 
Se advierte a toda hora y momento que el gobierno anterior es el causante de un déficit económico sin precedentes, y éste a su vez, en forma cíclica repite que fue heredado del anterior y así sucesivamente de mandato en mandato, hasta comprobar y establecer que no ha existido gobernabilidad dirigida hacia la satisfacción de las necesidades primarias del ciudadano de a pie, y que la Administración de Justicia, ha impartido una bendición, para redimir y cohonestar el enriquecimiento indebido con los bienes del presupuesto nacional.
 
Que en ese afán por solucionar los problemas del país, haya que extender la mano y poder arañar recursos de uno y de otro lado, ha llevado a que nuestro Estado de Derecho, haya pensado que la mejor opción es establecer el impuesto de valor agregado IVA, a todos los productos del consumo diario de los colombianos, denominado como canasta familiar, y gracias a ello, direccionar los procesos de saneamiento fiscal como se pretende.
 
Y cuando todo parecía que así habría de hacerse, sin que se haya renunciado a dicha posibilidad, en el futuro, apareció por arte de magia una solución que debería existir ya hace mucho tiempo en nuestro sistema económico, como lo es el gravamen impositivo para todas las bebidas azucaradas, para las bebidas embriagantes, y en fin, para todo aquello que como el tabaco y el licor, constituyen el gran índice de incremento diario, en una población, como la colombiana, que ha tenido en el licor su forma de refugio a las penas y angustias, para apaciguar el dolor al comprobar que el salario mínimo no alcanza, más allá que para un par de cervezas cada ocho días, cuando no es de todos los días, aunado a un mal comer y mal vivir en sociedad.
 
Pero más de uno se pregunta, o mejor, nos preguntamos. Cómo es posible que las instituciones financiera en nuestro país, que los bancos y que muchas formas de organización económica de quienes detentan el poder, por todos conocidos y que son los que colocan y ponen Presidente y Fiscal y Funcionarios públicos, se hayan vuelto de la noche a la mañana en personajes a quienes el control y la vigilancia de sus patrimonios no los lesiona y no los toca y se busque evitar a toda costa, generar su incomodidad o su molestia, con una mayor tributación para el Estado?
 
La corrupción se da sus mañas, me decía un viejo amigo. Y es cuando aceptamos ese decir popular de muchas gentes, al advertir que los bienes propios del narcotráfico, del lavado de activos, de las coimas por los contratos de Odebrecht, de Reficar y todos los entuertos de la salud, terminan siendo reemplazados por condenas de quienes como chivos expiatorios negocian penas con la Fiscalía y la Administración de Justicia, para purgar sus condenas en sus mansiones mientras sus recursos y su patrimonio no se toca y se encargan de ser legalizados y bien vistos con el curso del tiempo y su posición honorable queda saneada.
 
Y el hueco fiscal, nadie lo llena, nadie lo sanea y surgen entonces las medidas impositivas como las que hemos mencionado, que de ciclo en ciclo, nos llevarán a la ruina total, al desmorone de una sociedad que perdió su brújula y en medio del encantamiento por la vida fácil y ante lo nugatorio de sus acciones y controles, termina redimido en el silencio más profundo, mientras todo se desmorona frente a sus narices, sin esperanza y sin futuro.

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