Buscar una iglesia a su medida
¡Quién lo creyera, en un mundo tan secularizado, tan agnóstico, el mercado de religiones, en algunos ambientes, está a la orden del día! Cómo pega, en nuestro medio “cristiano” un Cristo comercial. Cada predicador lo presenta en la forma que “impacte” a sus oyentes. Las modernas técnicas de mercadeo juegan un papel muy importante. La gente está ávida de espiritualidad, ¡ah sí!, una espiritualidad “light”, ligera cómoda, proporcionada a mis intereses. Busco la religión como una especie de placebo, que me neutralice los dolores, no me los quita, los adormece. Ahí está la habilidad del pastor, del predicador, saber “encantar” a sus oyentes; mejor aún, cautivar a sus oyentes; cuando ya están cautivos, entonces viene el diezmo; se toca el corazón, luego el bolsillo.
¡Ah! No puede faltar la base de datos, -¿cuánta membresía tengo?-, y todo como en botica, aparece la receta para todo tipo de clientes. En este mercado persa de religiones, busco la que más satisfaga mis deseos y cuando la encuentro, entrego todo, hasta el alma y la bolsa, no importa: ¡Gloria a Dios!; ¡cómo es de ingenuo el hombre! Mientras menos sentido crítico, más ingenuo, más iluso. Renunciar a la Iglesia católica para buscar una iglesia a tu medida, no te hará mejor cristiano, recuerda que para ser buen hijo no tienes que cambiar de madre. Hay gente que cambia de religión, como cambiar de medias. El Cristo mediático, sí que está de moda. Un Cristo que todo lo tolera, todo lo aplaude.
Un Cristo acomodado a mis intereses y caprichos y, por ende, acepto a un predicador que me ofrezca ese molde. Un Dios gelatina, que se acomoda a todos los recipientes; un Dios plastilina, que lo estiro y lo encojo a mi capricho. El relativismo moral campea por doquier: lo que hoy considero bueno, mañana lo considero malo y viceversa. Una fe sin bases sólidas que cambia en concordancia con las redes sociales. Una fe reducida a ritos y coreografías que satisfaga mis sentidos, -mi razón va por otra parte-. Mientras más acrítico sea, más religioso soy. El alimento sólido no lo digiero, busco el alimento chatarra que me llene aunque no me alimente.
¡Ah sí! Quiero los sacramentos cuanto antes, sin ninguna exigencia, voy a la parroquia que menos me exija. Allí donde el sacerdote hace lo que le da la gana, haciendo de la fe cristiana un objeto de mercancía, acomodándola al cliente. ¡Ah, qué padrecito tan bueno! Sí, pero en desobediencia total con su Iglesia, con su obispo. El gran Padre Apostólico, Ignacio de Antioquía, 120 d. de C., nos decía en una de sus cartas: “Donde está el obispo, está la Iglesia de Dios”. Por favor, cristiano, discierna y tome decisiones. Otros, quieren hacer de su religión un asunto privado. Yo creo en Dios, pero que Él no se meta en mis asuntos, en mis negocios, en mi vida pública. ¡Qué conciencia! Invoca a Dios cuando le conviene y hace de Él lo que se te da la gana: un dios idiota útil, acomodado a tus caprichos venales. ¡Cómo se negocia y se instrumentaliza a Cristo!
