Breve nota sobre Mariano Ospina Hernández y el ALCA
Por Aurelio Suárez Montoya
En mayo de 2003 presenté en la Feria del Libro el texto “Crítica al ALCA. La Recolonización”. Tal vez fue el primer volumen crítico en Colombia frente a la arquitectura del tipo de comercio y demás capítulos asimétricos que Estados Unidos estructuró bajo el lema de Bush: “Hacer una sola zona franca desde Alaska hasta la Tierra del Fuego”.
En simultánea, Mariano Ospina Hernández, desde el periódico La República, empezaba a cuestionar este tipo de acuerdos. Rememoraba que su padre, Mariano Ospina Pérez, hubo de desmontar en 1949 el tratado de comercio que en 1935 firmó López Pumarejo con Estados Unidos bajo el convencimiento de que -de no derogarse- no era posible el despegue de la prosperidad del agro ni de la industria nacional. El historiador José Fernando Ocampo así lo resumió: “constituyó una amenaza contra el desarrollo autónomo, económico y político de Colombia” (Deslinde, junio 2009).
Por iniciativa del ingeniero agrícola, Libardo Gómez, se montó un recorrido para que en conjunto, el doctor Ospina Hernández y yo, en mi carácter entonces de Director Ejecutivo de la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, hiciéramos una breve correría por el departamento del Huila explicando nuestros puntos de vista a los agricultores de la región.
En efecto, estuvimos en Pitalito y Garzón haciendo las respectivas exposiciones y recuerdo que el doctor Ospina Hernández se refería a este tipo de libre comercio como la fábula de la zorra y las gallinas que pedía entrar al gallinero –esgrimiendo buenas maneras- para que una vez estuviera adentro las pudiera devorar fácilmente. Así mismo, acompañaba su exposición del proyecto, que siempre defendió e ideó, de construir la intercomunicación fluvial de Colombia desde el Orinoco hasta Buenaventura y su integración con el subcontinente . Concluimos la jornada con una reunión del comité de una reserva natural que él había adelantado en el municipio de Gigante.
No faltó acierto al doctor Ospina Hernández en prevenir lo que se ha vuelto una realidad: la caída de la producción agrícola nacional y los padecimientos que tienen millones de agricultores colombianos y los huilenses con la modalidad que, al final, adoptó el ALCA cual fue la proliferación al detal por toda América Latina de los TLC.
Si en eso fue visionario también es de esperar que el país, tal como lo han hecho los países más avanzados, aproveche el transporte fluvial a gran escala como medio para dinamizar e integrar la economía y, en especial, en zonas que han estado segregadas aún del poco desarrollo del que gozan otras. Inexplicable que se desechen este tipo de iniciativas en tanto el esfuerzo está puesto en atraer Capital Extranjero hacia los proyectos en concesión por 30 años-muchos de ellos innecesarios- de las vías conocidas como 4G.
Con esta breve nota rindo testimonio de la buena experiencia vivida con Mariano Ospina Hernández en esa breve gira por el Huila a la vez que expreso mis sentidas condolencias por su fallecimiento a su señora esposa Helena Baraya y a sus familiares, en particular, a Ángela Ospina de Nicholls.
