Bienvenidos a la democracia
La escena es de esas películas en donde un grupo de encapuchados entra a un banco y toman como rehenes a los clientes que se encuentran en el lugar. El pobre vigilante termina muerto y en cuestión de segundos, llegan las unidades especiales de rescate de la policía quienes son los encargados de negociar la entrega. Las exigencias de los malandros son absurdas, transporte blindado y millones de dólares en efectivo. Los negociadores, con tal de ganar tiempo acceden a ellas y justo cuando se disponían a tomar el vehículo que les habían prometido, terminan emboscados por las fuerzas de la ley y el orden. Todo termina del lado de los buenos, los rehenes liberados, y los tipos malos, en la cárcel.
En Colombia la película parece tomar otro rumbo, los malos se llevan el dinero y logran llevarse a los rehenes con ellos.
No hace falta explicar la analogía, lo cierto es que en nuestro caso, hay una última salvación: La Democracia.
Darle curules a las FARC no es la única forma de garantizar que nuestro régimen democrático se fortalezca. La respuesta está en el respeto por las instituciones y el Estado de Derecho.
De esa paz soñada que nos vendieron las elecciones pasadas, no queda nada, el pin de la paloma blanca no es otra cosa que el distintivo perfecto para que la Fiscalía tenga una pista a quien debe investigar. Todos los barones políticos salpicados por los escándalos de Odebrecht, Cartel de la Toga y ahora los “Paradise papers” han usado el inocente animalito en su solapa.
Esa escena de júbilo con el “himno a la alegría” de fondo, botellas de champaña chorreando y gente abrazada en las calles muy al estilo del derrumbe de la cortina de hierro y el muro de Berlín, nunca ocurrió, y nunca ocurrirá.
Si Santos en verdad hubiera sido el Mandela Criollo, habría convencido a sus amigos del Congreso que la Paz era una obligación moral y una responsabilidad transcendental para las futuras generaciones. Por el contrario, se dedicó a repartir mermelada sin ningún tipo de pudor, de allí que una vez la olla quedó raspada y las elecciones presidenciales cada vez están más cerca, arrancó la operación tortuga.
Pero negociar con el legislativo no es fácil, una vez mal acostumbrado, nunca dejará de serlo, y esto aplica además para las famosas corporaciones colegiadas administrativas mejor conocidas como concejos municipales y asambleas departamentales.
Le sucedió a Santos con la paz, le sucedió a Uribe con la reelección y hasta le pasó a Lincoln cuando buscó que el congreso estadounidense declarara la abolición de la esclavitud. En ningún caso el debate y la retórica pesaron más que las prebendas prometidas con tal de alcanzar el tan anhelado premio.
Hoy el objetivo es macabro, una “Pax Romana” versión siglo XXI, dónde todas las instituciones deben abrirle paso a la inminente llegada de las FARC, sin pasar por la Justicia, sin pagar cárcel, sin que importen los crimenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y genocidio, a pesar de que el NO ganó, muy a pesar de que las demás ramas del poder público distintas al ejecutivo, ejerciendo legítima o ilegítimamente el famoso sistema de pesos y contrapesos hayan expresado sus dudas respecto a la implementación del acuerdo.
Bienvenidos a la democracia señores de las FARC, no se les entrega el país desde ya, porque sería muy evidente lo que se buscó desde un principio. Una vez más, somos nosotros, los rehenes de la corrupción y el terror quienes debemos labrar nuestro propio destino.
