Basta ya….¡ No más corrupción ¡
La dolorosa experiencia que nos viene enseñando la inédita pandemia del COVID-19, en relación con la salud pública y sus graves efectos económicos y sociales; no es comparable con las devastadoras consecuencias que la pandemia de la corrupción, pues ésta no solamente amenaza seriamente la democracia, sino que, además, abre el espacio para estimular propuestas demagógicas y populistas que ofrezcan combatirla y erradicarla, dado que eventualmente puede terminar siendo peor el remedio prometido que la enfermedad. A propósito ya hemos visto casos y muy cercanos.
Para quienes hemos venido insistiendo de tiempo atrás en que el sistema político imperante en Colombia, es la fuente de la relajación ética y moral de la mayoría de nuestra dirigencia, con contadas excepciones; no nos ha sorprendido que los hechos recientes divulgados por los medios y a través de las redes sociales, estén generando una indignación creciente y cada vez más unánime para expresar el contundente rechazo a los políticos y funcionarios corruptos.
No obstante, es claro que se debe pasar de las justas y merecidas censuras a los hechos. Necesitamos con suma urgencia, nuevos liderazgos que sustentados en la pulcritud, la honradez, las capacidades y el verdadero sentido del servicio público, permitan el rescate del auténtico sentido social de la actividad política y del sincero interés en trabajar por el bienestar común. La solución está en nuestras propias manos y debemos asumirla con decisión y valentía.
La feria de contratos directos que con ocasión de la emergencia han adjudicado gobernadores; alcaldes y funcionarios del sector salud como hospitales públicos y demás organismos del sector; involucran la pérdida de miles de millones de pesos del presupuesto público, cuyo destino es la protección de la vida y la dignidad humana, razón por la cual, la indignación ciudadana está plenamente justificada. Al tiempo que los responsables de los organismos de control del Estado amenazan con investigaciones y sanciones ejemplares que nunca llegan a su término, expandiendo así la impunidad.
El sistema político y electoral vigente; la maraña de normas que a través de Códigos y leyes profieren los políticos en el Congreso; el ineficiente y corrupto sistema judicial; constituyen los elementos principales que han permitido la expansión de la pandemia, con una velocidad mayor a la que se está expandiendo el coronavirus.
La propia Constitución señala con precisión que los servidores públicos son responsables por la acción u omisión en el ejercicio de sus funciones. Pero al tiempo, consagra la presunción de inocencia como una garantía universal que exige la realización de un juicio previo para que el Estado demuestre la responsabilidad penal, con las ritualidades propias del debido proceso, garantías que terminan amparando a los funcionarios corruptos por la excesiva demora en los procedimientos judiciales que generalmente concluyen en el famoso vencimiento de términos.
La erradicación total de la corrupción es una quimera pues necesitaríamos una eficaz vacuna de ética individual y moral social más difícil de lograr que la del coronavirus. Lo que sí es posible, es controlar su expansión modificando el sistema político y electoral; eligiendo gobernantes y funcionarios honestos; definiendo un procedimiento judicial severo a cargo de Fiscales y Jueces incorruptibles; con penas de larga duración y sin beneficios o subrogados penales; y con la extinción del dominio de los dineros o bienes de los responsables.
En éste tema es indispensable concluir que por desgracia los huilenses estamos agobiados con casos como El Distrito de Riego Paicol-Tesalia; La Unidad anexa al Hospital; el Estadio de Futbol; la Usco; el Concejo anterior; los escándalos de la contratación en la alcaldía de Gorky; entre otros, los cuales son suficientes para exclamar ¡ BASTA YA…NO MAS CORRUPCIÓN.
