Balance agridulce
El pasado 7 de agosto se cumplió un año de la posesión del presidente Iván Duque Márquez quien asumió el poder como primer mandatario de los colombianos, para enfrentar los grandes desafíos que condujeran a reorientar la política económica y abocar todas las problemáticas estructurales que ha venido presentando la sociedad colombiana, desde décadas atrás. Transcurrido su primer año de mandato, podemos afirmar que el balance ha sido agridulce.
Desafortunadamente los sondeos de opinión que han realizado algunas empresas encuestadoras reflejan niveles de insatisfacción de su gestión en más de un 70%. Es la primera vez en la historia, que se presenta esta preocupante situación sobre los bajos niveles de aceptación durante el primer año de una gestión presidencial.
Aunque ha tenido un ligero repunte frente a la disminución de los cultivos ilícitos en el territorio colombiano, se ha incrementado la venta y consumo de sustancias psicoactivas en los alrededores de las instituciones educativas y en las calles del país. Así haya mostrado sintonía emocional con los sentimientos de angustia e impotencia que con tanta frecuencia producen tópicos como la corrupción, los casos espeluznantes de abuso sexual de menores, la inseguridad urbana, las familias ven en el primer mandatario de los colombianos, que ha sido inferior a los grandes retos que asumió al inicio de su periodo presidencial.
Otros temas cruciales que han permeado negativamente la imagen del presidente Duque, es la escasa posibilidad de reanudar los diálogos de paz con el ELN, mientras insista en la violencia. La reactivación económica que anunció ha quedado con el traste, con la frustrada iniciativa de la Ley de Financiamiento, que pretendía gravar con el 19% todos los artículos de la canasta familiar. Aunque se crearon otros impuestos y les redujo los gravámenes a los conglomerados económicos, los resultados de los indicadores económicos han sido adversos a las metas anunciadas.
Igualmente, la problemática con el país vecino de Venezuela, que ha provocado la llegada masiva de migrantes a nuestro país, que superan el millón y medio, ha contribuido para que se aumente la inseguridad, mendicidad y el desempleo en todo el territorio colombiano. En los campos donde el balance es agridulce encontramos la economía.
En lo tocante a los tópicos donde la calificación aparece en rojo, se destaca la dificultad del Ejecutivo para encontrar un nuevo marco de entendimiento con el Legislativo, lo cual ha conducido a que fracasen iniciativas claves de origen gubernamental. Es el momento, en medio de tormentas, para que el presidente consolide sus logros y confirme las virtudes y el liderazgo que esperan los colombianos que lo respaldaron.
