Autorregulación
Cuenta la leyenda, que en Colombia existió una Corte de Oro, conformada por los más grandes juristas que el país haya conocido. Nombres como Ricardo Hinestrosa, Eduardo Zuleta o Antonio Rocha conformaban este alto Tribunal, que fijó los grandes precedentes Jurisprudenciales de la Justicia colombiana.
Hombres probos, de talante radical, innovadores, avanzados para su época, dedicados de lleno a la academia y el derecho, así era la Corte, un orgullo para el país.
Desde ese momento, la calidad del metal pasó de oro a uno más mundano, más apropiado; podría decirse, que la Corte se ha venido transformando en la Corte de Plata, por aquello de que no es el anhelo de Justicia lo que mueve a algunos Magistrados y ex Magistrados recientes, sino el dinero.
No contentos con los sueldos que devengan como Jueces de las Altas Cortes, algunos han optado por montar su despacho de Abogado en las instalaciones del Palacio de Justicia, el mismo que una vez fuera convertido en cenizas tras el incidente que involucró a miembros de la Fuerza pública, y a guerrilleros del M-19 . Esa imagen que saliera por televisión, de un palacio envuelto en llamas, hoy tiene sentido. La Justicia en Colombia se la están consumiendo desde adentro.
Y por eso mismo, resulta absurdo que sean los mismos Magistrados los que planteen una “auto-regulación” de sus integrantes, como si los hechos no demostraran que ya ni en ellos se puede confiar.
La degradación del prestigio del Alto Tribunal y de las demás Cortes en Colombia no es noticia nueva, Magistrados como Pretelt, Miranda, o Luz Marina Díaz, han estado en el ojo del huracán, y ni se diga de otro puñado de Magistrados pertenecientes al Consejo de Estado o del famoso Consejo Superior de la Judicatura.
Todos elegidos ya sea por ternas, por ellos mismos, por política, por la la famosa puerta giratoria o por el sistema “Yo te elijo tú me eliges”, ¿Cómo esperar que se “autorregulen”, si la manera en que están allá se debe de alguna u otra forma a favores de toda clase?.
Si eso pasa en las altas esferas del poder Público, ya podremos imaginarnos lo que sucede en los Tribunales de provincia como el nuestro. En Cúcuta y en Villavicencio ya empezó esta cacería de Magistrados que se les olvidó, que la Toga, no es un disfraz para posar en fotos y esconder toda clase de guardados, sino un símbolo de la autoridad, rectitud y sobre todo, apego a la ley.