Aunque a pocos les guste
Hace poco se celebró el día internacional del abogado, conmemoración que no está demás si tenemos en cuenta que en junio se celebra el día del abogado propiamente dicho, y en diciembre el día de la justicia.
En todo caso, con ocasión de la muerte de tres presuntos delincuentes por parte de un medico que accionó su arma de fuego mientras se resistía a lo que el declaró sería un intento de robo (algunos hablan de secuestro) , debe ante todo guardarse mesura.
Mesura de la que tal vez algunos juristas sensacionalistas como el reconocido, polémico y hay que decirlo, exitoso Abelardo de la Espriella carecen.
Esto, sumado a lo que la comunidad en general ha definido como una victoria para los ciudadanos honrados que ven como cada día están mas arrinconados por los delincuentes.
De eso no hay duda, la percepción de inseguridad en el país se sostiene, y no es precisamente baja, esto aunado a la indignación generalizada al ver como los presuntos criminales cuando son llevados a la justicia, son dejados en libertad.
Hasta ahí, nada que recriminar ni reprochar, la justicia muchas veces opera a medias, se desmide en garantías o es consciente que el sistema carcelario en Colombia no da abasto.
Lo preocupante resulta pensar que la respuesta a la inseguridad es que alguien accione un arma y resulten muertas tres personas.
Digamos que la versión del médico es exactamente esa, una noche fría y oscura de la ciudad de Bogotá y tres individuos que se acercan con aspecto amenazador los cuales agreden al médico lo golpean con un revolver, y el reacciona disparando con tal acierto que los tres caen muertos.
La legitima defensa ha tenido un desarrollo jurisprudencial y ha permitido diferenciar claramente entre un uso desmedido de la fuerza y una percepción de amenaza inminente para la integridad física de quien la alega.
El típico ejemplo sucedió en Medellín, cuando un conductor accionó su revolver contra unos fleteros que iban en una moto e intimidaron a la persona con una pistola. La investigación arrojó que la pistola usada por los asaltantes era de juguete, y el abogado del fallecido alegó dicha circunstancia como una tentativa imposible de ejecutar, sumado al uso desmedido de la fuerza utilizada por el conductor.
El juez rechazó con justa razón dicho argumento, diciendo entre otras cosas que, en ese momento el ciudadano que iba en el carro no estaba en posibilidad de discernir la letalidad de dicho “juguete”
Todo esto para decir finalmente, que cada caso es distinto, y no podemos sostener que la respuesta a la inseguridad es andar armado y disparando por la calle. Al final algún inocente caerá, y sólo eso bastará para saber que esa no era la solución.
