Opinión/ Creado el: 2019-02-02 05:15
Áreas ambientales sin actividad económica
Recientemente se conoció un informe de la Contraloría de Cundinamarca (enero de 2019), donde se concluye que la ocupación de los predios que hacen parte del páramo de Guerrero, uno de los 37 complejos ecosistémicos con los que cuenta Colombia, es el primer problema que debe soportar. Por cierto sólo seis países de América tienen dentro de su territorio estas áreas de especial protección ambiental.
Cuando se hacen mapeos de las afectaciones y analiza la información que los municipios de Cundinamarca publican, se encuentra que la ampliación de la frontera agrícola para cultivar o pastorear ganado es la principal actividad antrópica que los impacta negativamente desde la óptica ambiental. Así que de acuerdo con este informe, los hallazgos muestran que los daños en los páramos se reflejan especialmente en “la pérdida de suelos fértiles, capacidad hidrológica, retención y regulación hídrica, especies de flora y fauna endémicas de las zonas y, finalmente, la fragmentación del ecosistema”, e incluso en la introducción de especies invasoras.
Nos preguntamos: Al fin, ¿qué? En este país no nos ponemos de acuerdo en nada. Es frustrante. Así que cuando proponemos que ciertas áreas protegidas y estratégicas, sean protegidas realmente todos aplauden; pero cuando proponemos que, por razón de la práctica estas sean privadas de toda actividad antrópica productiva entonces vienen los que chiflan, los que protestan y hacen paros.
Insistimos: los parques nacionales y regionales, y los santuarios de flora y fauna (áreas protegidas) junto a los páramos y áreas abastecedoras de aguas para acueductos (áreas estratégicas) deben ser excluyentes de actividades productivas cualesquiera que sean. Al respecto nos ratificamos en lo explicado ampliamente en un artículo publicado recientemente por la Universidad Externado de Colombia (“Baldíos desde la perspectiva de patrimonio nacional y la eficaz protección ambiental”, en AAVV, Lecturas de Derecho de Tierras, t II, 2018, pág 439 y ss). No hay otra forma real y sincera de protegerlos.
Eso sí, también es necesario insistir en las siguientes advertencias: 1) Deben permitirse aquellas actividades, incluso económicas, que sean compatibles con los ecosistemas. Por ejemplo turismo ecológico mediante concesiones por subasta y vigilancia de cumplimento por la autoridad ambiental (no de la turística), 2) La delimitación de los ecosistemas no debe ser aplazada más. Colombia necesita saber con claridad dónde sí y dónde no, se pueden desarrollar actividades económicas. Las obligaciones ambientales son para todos; sin distingos de ninguna clase y menos para la conservación y recuperación ecológica.
Cuando se hacen mapeos de las afectaciones y analiza la información que los municipios de Cundinamarca publican, se encuentra que la ampliación de la frontera agrícola para cultivar o pastorear ganado es la principal actividad antrópica que los impacta negativamente desde la óptica ambiental. Así que de acuerdo con este informe, los hallazgos muestran que los daños en los páramos se reflejan especialmente en “la pérdida de suelos fértiles, capacidad hidrológica, retención y regulación hídrica, especies de flora y fauna endémicas de las zonas y, finalmente, la fragmentación del ecosistema”, e incluso en la introducción de especies invasoras.
Nos preguntamos: Al fin, ¿qué? En este país no nos ponemos de acuerdo en nada. Es frustrante. Así que cuando proponemos que ciertas áreas protegidas y estratégicas, sean protegidas realmente todos aplauden; pero cuando proponemos que, por razón de la práctica estas sean privadas de toda actividad antrópica productiva entonces vienen los que chiflan, los que protestan y hacen paros.
Insistimos: los parques nacionales y regionales, y los santuarios de flora y fauna (áreas protegidas) junto a los páramos y áreas abastecedoras de aguas para acueductos (áreas estratégicas) deben ser excluyentes de actividades productivas cualesquiera que sean. Al respecto nos ratificamos en lo explicado ampliamente en un artículo publicado recientemente por la Universidad Externado de Colombia (“Baldíos desde la perspectiva de patrimonio nacional y la eficaz protección ambiental”, en AAVV, Lecturas de Derecho de Tierras, t II, 2018, pág 439 y ss). No hay otra forma real y sincera de protegerlos.
Eso sí, también es necesario insistir en las siguientes advertencias: 1) Deben permitirse aquellas actividades, incluso económicas, que sean compatibles con los ecosistemas. Por ejemplo turismo ecológico mediante concesiones por subasta y vigilancia de cumplimento por la autoridad ambiental (no de la turística), 2) La delimitación de los ecosistemas no debe ser aplazada más. Colombia necesita saber con claridad dónde sí y dónde no, se pueden desarrollar actividades económicas. Las obligaciones ambientales son para todos; sin distingos de ninguna clase y menos para la conservación y recuperación ecológica.
