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Opinión/ Creado el: 2017-09-23 04:25

Aquí falta de todo

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 23 de 2017

Por: Luis Humberto Tovar

Jamás paso por mi mente poder concebir algún día, que los antivalores obtuvieran el reinado en nuestra sociedad; menos aún, que mi profesión de abogado representada en el ejercicio de administrar justicia, haya llegado a tal punto de degradación, que siempre se escuchan los mismos alaridos de las mismas personas gestoras de esta podredumbre, de pedir investigaciones hasta las últimas consecuencias, con máximas sanciones para los responsables.

Entiendo que todavía quedan en la rama y en las altas cortes, verdaderos apósteles del derecho y de la justicia, que sobreviven a esas pirañas humanas de la corrupción, de quienes se sienten propietarios del mercado persa a que sometieron los autos y las sentencias, y hasta los nombramientos en la rama judicial, estos últimos, en muchos casos, antes que obedecer a expresiones de las grandes capacidades y formación de los futuros operadores judiciales, atienden ahora intereses mezquinos de quienes han intervenido para su designación y entre más subyugado y abyecto mejor aún.

Nombramientos dirigidos desde las altas cortes, donde para ingresar a ella hay que pagar el favor adicionalmente con grandes sumas de dinero, y mantener una cuota proporcional mensual, de acuerdo con el monto del salario a devengar; da asco todo esto, ni los tapabocas para las necropsias sirven para no percibir semejante podredumbre.

Hay sentencias que se dictan previa consulta con el de arriba, dependiendo si es mal queriente o no de determinado litigante o parte en el proceso; mejor dicho, el juez ha dejado de ser el desprevenido guía y director del proceso, donde solo debe atender a las pruebas existentes y su correcta valoración jurídica, no a su antojo como sucede actualmente, y tomar una determinación solamente ajustada a los cánones del derecho y de la buena administración de justicia.

El cinismo ha llegado a tal punto, que se habla de paz cuando no hay administración de justicia, base fundamental y esencial para ella; cuando existe un impulso decidido para retornar a los conceptos primitivos de la Ley del Talión; en fin, una absoluta determinación hacia el desorden, el irrespeto a la ley, a los valores, a la sociedad.

Hoy la sociedad exige las capturas y sanciones a los delincuentes, pero cuando eso sucede se desata una catarata de lamentaciones y compasiones en favor de ellos. Hasta allá la degradación. Todo esto con consentimiento presidencial, gestor de este cataclismo moral.

 

 

 

 

 



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