Aprendamos de la experiencia
No es verdad que la experiencia la dan los años solamente. La experiencia es sabia, cuando se ha leído la vida con inteligencia. El terco y el autosuficiente nunca cambian, siempre tienen la razón, así, ¿cuándo aprenden? , pero, ¿cómo? Si son la divina perfección andando. Es inútil corregir a un necio, se lleva las de perder. Ante la corrección se les queda debiendo. Es mejor dejarlos a su propia suerte para que la vida les enseñe con los porrazos que tendrán. Hay personas que tienen piel de burro, no les penetra nada. Hay personas que no estrenan la cabeza, la tienen de adorno, no le ponen lógica a la vida. Arreglan un problema con otro problema y así, hasta consumirse. La persona sabia es la que vive aprendiendo diariamente y, en donde más aprende es de los errores. Definitivamente la buena vida cansa y la mala amansa. Recuerde que las manías de la juventud se agigantarán en la vejez. Hay personas que cometen los mismos errores de siempre y, sin embargo, se quejan de la vida. Claro, echándole la culpa de sus desgracias a los demás. Hay personas que parecen plañideras, se viven quejando de todo y no aportan nada. Como dice el poema de La Desiderata: “Evita las personas ruidosas y agresivas, ya que son un fastidio para el espíritu”. Sí, efectivamente, donde hay mucho ruido, hay pocas nueces. La gente que vive hablando de su yo, es tan pobre que no tiene más tema; su mente es reducida, no le permite ver la vida con actitud holística. Salga de su propio entorno y aprenda de los demás. Aristóteles nos enseñó el método de la mayéutica. ¿En qué consiste? Extraer de lo profundo, es como una especie de parto. Así llega el conocimiento. ¿Quién aprende? El que pregunta. El niño empieza a filosofar cuando vive preguntando a todos los de su entorno, de modo especial a la madre, ¿por qué? O sea que, quien no quiere aprender, no pregunta. Pregúntele a quien sabe, porque un ciego que conduce a otro ciego, ambos se van al hueco. La vida es una escuela permanente, solo aprenden quienes descubren sus errores. Hay gente tan cerrada que ni siquiera ve sus errores y son tan tercos que se creen la divina perfección andando. Hay que ser quijotes, claro, las ilusiones, los sueños; sí, pero hay que ser más sanchos, hay que poner los pies en la tierra, si no, toca poner los pies en polvorosa por nuestras bestialidades. Yo no sé, por qué hay gente que no aprende de la vida. Salen de Guatemala y se meten en “guatepior”. Sobre todo en los afectos, la gente sí que es ilusa: les dan por la cabeza y la siguen metiendo. Excúseme, lo que pasa es que hay gente que es masoquista, le gusta sufrir. En ese orden, yo me callo. Asuma la vida con realismo: constate sus fortalezas y sus debilidades y, crezca a partir de su propia realidad. No sea iluso, tenga autoestima.
Excursus: agradezco las generosas palabras de mi colega columnista doctora Margarita Suárez en su pasada columna.
