Animales y sujetos de derechos
La semana pasada, cuando ya habíamos enviado al editor general del diario del Huila, nuestra columna habitual nos enteramos de la decisión tomada por la sala plena de la Corte Constitucional dentro de una tutela que pretendía la liberación del cautiverio de un oso de anteojos en el zoológico de Barranquilla, llamado como Chucho. Merece reflexiones.
Se ha determinado que los animales no son sujetos de derecho, sino objetos de protección constitucional. Aunque es una variable de anteriores pronunciamientos judiciales, sin duda pone en entredicho los argumentos usados para proteger ríos y páramos hasta ahora. La decisión comentada es importante porque la Corte, más allá de este caso, decidió cómo se concibe al resto de los animales en el país y seguramente otros recursos y elementos que se hallan en la naturaleza.
Pero es también importante, porque cuando se empezaron a declarar “sujetos de derechos” no fue con seres vivos, por lo que los ambientalistas racionales nos preocupamos porque era obvio que si un río que no es ser vivo, aunque contiene vida y es necesario para la vida, pues con mayor veras esa atribución la tenían los animales y vegetales.
De esta decisión sobre Chucho, radica en que si este es sujeto de derechos, pues es connatural que esto traiga consigo no su liberación (no con argumentos tan absurdos como un habeas corpus) sino a mantener su confinamiento en un zoológico donde lo cuidan y asisten profesionales expertos, donde está protegido de cazadores y depredadores, y sobre todo, como sucedió, para garantizar la subsistencia de un ser vivo que ya está desadaptado al hábitat natural.
Puede haber otras consecuencias. En su anuncio, la Corte Constitucional explicó que en su decisión evaluó que este animal había nacido en cautiverio y no tiene la capacidad de conseguir su propio alimento. Además que los animales no tienen conciencia que permita determinar sus comportamiento. Eso al menos puede alentar que alguien demande la obligación de alimentar a todos los animales del territorio nacional o una parte de él para garantizar su subsistencia ya que los colombianos hemos invadido e invadiremos sus espacios de caza natural.
Otra, es un aspecto ético que ya habíamos compartido en este espacio de opinión. El derecho que tanto arguyen algunos para tener animales sin control en sus hogares (es decir sin que causen afectaciones o intranquilidades a sus vecinos o habitantes de sus entornos) no puede basarse en que sirven de compañía a los niños o ancianos, o que los obligan a hacer ejercicio porque deben sacarlos de sus casas hacer necesidades (cosa ya deplorable) porque entonces no se basan en los derechos de los animales sino en los de esas personas.
