Analizando el feminicidio
Pareciera que la palabra feminicidio sirve casi que exclusivamente para darle realce a los titulares del día a día. Pero realmente los casos de asesinatos de mujeres y niñas siguen sucediendo con cierta regularidad.
Hablar de feminicidio, es decir, el asesinato de una persona en razón a su genero femenino podría parecer discriminatorio para quienes creen que cada muerte es igual, y tienen razón, en parte. La cuestión es que existe una confusión al acuñar el término, que en ningún caso significa dar relevancia o prelación a la muerte de una mujer sobre la de un hombre, por ejemplo. Es cuestión de que se hagan visibles y se tome conciencia.
Los homicidios en razón de género tienen ese enfoque diferencial precisamente porque responden a situaciones y casos que deben ser abarcados y estudiados con especial atención. A muchos les sorprenderá por ejemplo que, cuando se estudiaron casos de feminicidio en países asiáticos, los hechos ocurrieron no como consecuencia de crímenes pasionales, como usualmente suceden en nuestro país, si no como consecuencia de una predilección de padres por los hijos varones, abandonando o desechando en muchos casos a las hijas recién nacidas.
Esta práctica se vio incrementada con la instauración de la política del hijo único en la república popular China.
Sin embargo, así como existe el término feminicidio, en países dónde las muertes de mujeres, aun cuando resultan inferiores a la de los hombres, merece su respectivo análisis. El término androcidio se ha utilizado en escenarios dónde los varones de ciertas etnias han sido el objetivo de asesinatos debidamente planeados y organizados. Tal es el caso de los hombres del Kurdistán iraquí, y de las diferentes etnias de los pueblos de los Balcanes.
Retomando el escenario nacional, no hace mucho se expidió la ley 1761 de 2015 también conocida como ley Rosa Elvira Cely, en memoria de la mujer ultrajada y asesinada vilmente en el parque nacional de Bogotá. En dicha ley se retoman los parámetros del protocolo de las Naciones Unidas que analizó las causales de feminicidio en América Latina, identificando situaciones comunes como lo son “el desprecio, la subordinación, la misoginia, el control, la intimidación, que anteceden o son relacionados al hecho y que se pueden probar con denuncias anteriores sobre violencias.”
De esta manera se ha buscado enjuiciar a los homicidas de tal forma que el modo en que opera la violencia que anteceden al asesinato, tengan un castigo ejemplar.
El esfuerzo institucional, social y familiar, debe estar enfocado en erradicar los lugares comunes que se configuran previo al acaecimiento de los feminicidios y que hoy por hoy continúan vigentes en nuestra cultura.
