martes, 31 de marzo de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-09-24 05:47

ALGECIRAS, SIGUEN LAS MASACRES

Escrito por: Editorial | septiembre 24 de 2020

En medio de la más profunda crisis social y económica que está atravesando la sociedad colombiana por la irrupción de la pandemia de la Covid-19, han vuelto a presentarse los asesinatos colectivos en algunas regiones del país. Continua el horror. Nuevamente el municipio de Algeciras vuelve a ser el escenario de la masacre de tres personas por hombres armados y encapuchados, que llegaron hasta una finca ubicada en la vereda Quebradón Sur, en las horas de la noche del martes anterior.

Indepaz, ha revelado que cerca de 260 personas han sido asesinados en las 64 masacres registradas en el país durante el presente año. Los defensores de derechos humanos y los líderes sociales se encuentran en la mira de los grupos narcoterroristas y del accionar delincuencial de sectores guerrilleros que están afectando la sana convivencia de estas comunidades, que han sido víctimas de esta violencia irracional. Cada matanza son demostraciones de cierta clase de poder, que es violencia y nada más; es una constatación de la degradación que se vive en las regiones asoladas por los traficantes de drogas y abandonadas por las autoridades.

Se sigue respirando un ambiente de inseguridad en las regiones del país. La sociedad colombiana quiere respirar un ambiente de paz. Se deben contrarrestar estos ambientes de violencia, para que se no se vuelvan a presentar esos escenarios de afugias y temores, por la presencia de las organizaciones subversivas, que, en otrora, tuvieron aterrorizados a la población civil.

Debe reiterarse: aunque necesarias en muchos casos, las medidas de protección hoy adoptadas están lejos de ser suficientes. El camino es el de la protección colectiva, que no es otra cosa que garantizar una presencia estatal integral en aquellas zonas que están en la mira de los grupos armados mafiosos.

Algunos analistas y estudiosos de esta temática dan cuenta de patrones y tendencias que, por más que ya sean conocidos, no dejan de ser muy alarmantes. Nos referimos a los múltiples episodios en territorios en los que valerosos civiles que gozan del reconocimiento y el aprecio de la comunidad, terminan asumiendo roles que deberían ser del Estado, y por tal motivo acaban en la mira del crimen organizado, que siempre ve en el tejido social un obstáculo.

Es indispensable que el Estado estructure estrategias concretas para este importante sector de la sociedad colombiana, que con su accionar y sus palabras y la emoción, que éstas transmiten, tienen pleno sustento en una realidad que pide a gritos acciones concretas para protegerlos y que permitan avanzar en la senda de una protección real y efectiva de los líderes. Evitar, a como dé lugar, que la muerte de líderes sociales y personas se vuelva paisaje.