viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-07-27 02:13

Alcalde honrado

Escrito por: Diógenes Díaz Carabalí
 | julio 27 de 2017

Conseguir un Alcalde honrado es una lotería. Es que el mismo mecanismo de elección ya invita al robo. Lógico que quien hace política aspira a vivir de ella. Otra cosa es que los políticos piensen que desde una posición pública, por obligación, tienen que enriquecerse. Entonces, participar de una elección, para el político, significa sacar réditos. O ¿Alguien ha visto un político pobre? Yo, no. Por lo menos lo tiene que aparentar, porque vasta que diga que aspira a algo, y a quien se lo dice tiene que gastarle por lo menos un tinto.

La elección de Alcaldes, signo de democrático y conquista de la descentralización, tiene el parche oscuro de la galopante corrupción que se teje en su entorno. Lo primero que hace un candidato a Alcalde es rodearse de personas que puedan poner a su servicio importantes sumas, que deben ser retribuidos con generosos contratos. De igual forma, el susodicho Alcalde invierte el capital suyo y de su familia, por lo tanto no va a esperar para recuperar la inversión con su salario. Debe por tanto, de cada rubro, sacar su tajada. Antes era conocido y reconocido el famoso 10%, que según últimos reportes de pueblos y veredas, crece en forma geométrica. Ya sobrepasa el módico 30%.

Ellos, los Alcaldes, saben de los mecanismos de control, de las funciones de las IAS, del código administrativo, de contratación pública, pero corren el riesgo. Es más, hacen la cuenta de cuánto tiempo les da el código penal por el delito de peculado por apropiación, y se disponen a pagar la pena, que con trabajo y estudio sale en nada. Y siempre hay abogados que se las saben todas, que tienen influencia, que conocen las leguleyadas para sacar libre al Alcalde, incluso con la seguridad de reinstalarlos en los cargos y cobrar reivindicación en los que el estado les queda debiendo. Por lo demás, trabajo, estudio y buena conducta les hace pagar con cualquier cosa, para salir a disfrutar de las ganancias.

Y no es la inclinación política. Lo hace a un Alcalde deshonesto. Los hay de izquierda (llámese Samuel Moreno) y de derecha, civil, o religioso (llámese Bernardo Hoyos). De todos los colores y sabores. Siempre el CVY (cómo voy yo), es la forma de gobierno, su programa de gobierno, su manera de actuar. Y lo más triste es que la gente del común lo justifica. Es su tiempo, es su cuarto de hora, en lugar de que roben los otros, que robe nuestro amigo, dicen en los corrillos esquineros donde se cuecen las candidaturas y se engordan los candidatos.

Es la mentalidad mafiosa, diría alguien con no pocos problemas tuvo también en su desgobierno. No hay por dónde. Y quienes piensan con honradez, ni de fustas se meten en tal olla podrida. Habrá que esperar que un día la divina providencia dote a los pueblos de un Alcalde honrado, que vaya a construir sociedad, que defienda la rectitud como principio, porque en esta podredumbre, donde cada quien quiere extraer su tajada, es imposible conseguir un gobernante que no se unte de los recursos destinados a los más pobres, a la gente que tanto necesita de la acción del estado para salir de la postración que por suerte le ha tocado. Mejor dicho, ¿dónde conseguimos un Alcalde honrado?


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