Al pueblo nunca le toca
Luis Humberto Tovar Trujillo
Esta pasión por la democracia y por el derecho, se ha convertido en inútil; razón tenía Álvaro Salom Becerra el haber intitulado su cuarto libro “Al pueblo nunca le toca”, sencillamente porque, al decir de muchos, los ciudadanos de clases populares no tienen la capacidad para ejercer el poder.
Algunos sectores que tradicionalmente han permanecido en la dirección del Estado, es decir, detentan el poder político, y otros, que aspiran detentarlo, pero acudiendo a las vías de hecho, también llamadas golpes de Estado, le han cogido miedo al pueblo, y por todos los medios impiden que este, ejerza su poder de decisión, con mayor razón, en momentos realmente difíciles, que pareciera que las crisis institucionales no tuvieran salida.
Me ha parecido muy buena, para nada inoportuno, el proyecto del Representante Prada, pese a los comentarios ligeros e insaboros, hasta de académicos infestados, de esos que opinan por llenar un vacío en el silencio de una tertulia, y generalmente para la galería, de acudir al pueblo en relación con las decisiones aberrantes de la Corte Constitucional, y yo agregaría de las Altas Cortes, en asuntos de trascendencia nacional, y que por ser tan evidentes sus yerros, afectan al mismo tiempo todos los órganos de los sentidos del ser humano.
Al decir de algunos, entre ellos la decana de Derecho de la Universidad de los Andes, recientemente en El Espectador, refiriéndose al proyecto de Prada como, “Golpe directo al corazón del Estado de Derecho”, no deja de ser más que un alarido que omitió hacerlo, cuando asesinaron el Estado de Derecho, cuando la Corte Constitucional, avaló la constitucionalidad del acuerdo con las Farc, mediante una proposición del Congreso, y lo más grave, contra la voluntad del pueblo (Plebiscito).
Cual golpe al corazón, cuando con esa decisión, asesinaron nuestras instituciones y el Estado de Derecho mismo, es decir, legitimaron golpes de estado sucesivos, donde los responsables de educar y formar juristas basados en el contrato social, con su silencio cómplice, pavimentaron el camino para semejante aberración.
Piden ahora, como decía alguien, defender como mujeres lo que no pudieron sostener como hombres, invocando signos vitales del Estado de Derecho ahora, cuando ni en cuidados intensivos ha sido posible su reanimación.
Los asuntos del estado, en momentos como este, con crisis tan profundas, donde ninguna de las ramas del poder público quieren auto reformarse por las vías institucionales, requieren de una alta dosis de ingenio, por eso, merece mi aplauso el proyecto de Prada.
Definitivamente, hay muchos a quienes no les gusta el pueblo, pero lo invocan por rellenar una defensa inocua de la democracia. No hay que tenerle miedo al pueblo, es el único sabio después de Dios. Ahora sí le tocó al pueblo.
