lunes, 06 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-06-24 02:01

Al maestro Germán Samper Gnecco

Escrito por: Carolina Salazar Rincón
 | junio 24 de 2019

El pasado 22 de mayo murió en Bogotá a los 95 años Germán Samper Gnecco, uno de los arquitectos más importantes de la historia de Colombia, diseñador de edificios que se han convertido en referentes para el país como el Museo del Oro, la Biblioteca Luis Ángel Arango, el edificio Avianca o la Ciudadela Colsubsidio, en Bogotá; el edificio Coltejer de Medellín o el Centro de Convenciones de Cartagena.

Pero hoy no voy a hablar del arquitecto y de sus obras que han sido fotografiadas y exaltadas a lo largo de estos años en varias publicaciones. Eso se lo dejo a los expertos. Hoy quiero hablar del maestro.

Creo que lo vi por primera vez en alguna conferencia cuando estudiaba arquitectura en la Universidad de los Andes. Hacia 1990 la Universidad creó el programa de práctica empresarial, cuyo objetivo era que los alumnos de séptimo semestre tuvieran la posibilidad de enfrentarse al mundo laboral siendo aún estudiantes; es decir, sin las presiones de ser un empleado convencional. Esto implicaba un semestre adicional de carrera, pero decidí que la tomaría sólo si lograba realizar la práctica junto a Germán Samper. Así que lo llamé y unas semanas después comencé mi semestre en la firma Esguerra, Saenz y Samper.

Muy pronto supe que trabajar con él había sido la mejor decisión. Él asumió mi estadía en su oficina con gran compromiso y me convirtió en su novata “asistente de diseño” en los proyectos que estaba iniciando: el concurso de anteproyecto del Club Social Payandé y la ampliación de los laboratorios Abbot. Permanentemente me daba consejos que tengo grabados en mi memoria y que aplico juiciosamente en mis proyectos: escalarse desde el principio, entender muy bien la topografía, escribir los conceptos o dibujar la ciudad para entenderla, fueron algunos de ellos. También me llevaba con él a algunas reuniones, porque decía que debía aprender cómo era la relación con los clientes. Todos los lunes llegaba directo a mi escritorio a contarme el avance de sus diseños y a ponerme tareas. Yo no podía creer tanto privilegio, tanta grandeza y sencillez.

Pero lo que más valoré de esos meses y no sé si alguna vez se lo dije, es que entendí que lo que para mí era importante, también lo era para la arquitectura: la naturaleza. Me sorprendió verlo inspirarse en los ríos, en los árboles o en el sonido del viento. Fue revelador tener la certeza de que está bien inspirarse en ella. Cuando le propuse ser mi director de tesis y escogí como proyecto el diseño de un centro de rehabilitación para animales silvestres, en algún momento de duda motivada por uno de mis profesores, Germán Samper me respondió con contundencia: tú sigue con tu naturaleza. Y así lo hice. Me inspiré en las piedras que emergían a lado y lado de la quebrada que recorría el lote y en los árboles inmensos. En el proceso disfruté de sus sabios consejos, de su guía y apoyo.

Durante estos 25 años lo visité en algunas oportunidades y lo tuve al tanto de mis planes y de mi vida, que siempre escuchaba con atención, respeto y cariño.

Ojalá todos los niños y jóvenes llenos de sueños y ávidos de respuestas, tuvieran la oportunidad de encontrarse con maestros que entiendan la responsabilidad que tienen de inspirarlos, de guiarlos  y de respetar lo que los motiva. Ojalá hubiera en Colombia más maestros como Germán Samper Gnecco.

 

 

 


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