Opinión/ Creado el: 2018-11-30 01:48
Adios, Humberto Arango
La partida de un ser querido siempre generará pena y dolor a familiares, amigos, allegados y a quienes por una u otra razón le conocieron y tuvieron un sentimiento hacia él. Hoy hace ocho días cerró para siempre sus ojos y concluyó el ciclo vital el gran hombre que por varias décadas recreó a millones de connacionales y extranjeros desde el cine y la televisión y a quien se conoció por su nombre: Humberto Arango.
Una prolongada enfermedad precedió el deceso que le llevó al descanso eterno y nos dejó huérfanos del afecto con que nos privilegió.
Como era de esperarse, los más importantes medios de comunicación dieron amplia divulgación sobre la exitosa carrera artística que llevó a Humberto a ser sujeto de numerosas distinciones y reconocimientos. Nunca fue puesto en duda su talento y capacidad actoral, todo porque llevaba en la sangre cuanto hacía, aunado al respeto por los cineastas y televidentes.
Mucho tendrá que hablarse y aprenderse por quienes tienen y tengan inclinación hacia las artes escénicas. Él, fue un maestro de la actuación.
En la capital del país tuve el privilegio de conocerle y merecer la amistad que me abrigó por varias décadas y que, además, se extendió a su hijo Carlos Humberto, el más cercano de sus primogénitos. Sincero, franco, vehemente en sus apreciaciones y conceptos, resultaba ser confiable y acreedor del mejor cariño y aprecio. Podía diferirse en algunos aspectos, pero nunca se llegaba al irrespeto. Humberto fue un ser cabal, correcto, con errores y equivocaciones como todo ser humano, habida cuenta de su fragilidad. Por todo y con todo, sólo me queda en este espacio hacer llegar mi voz de solidaridad y aliento a su familia y amigos, amén de darle gracias a la vida por tantas cosas y momentos que compartí con mi inolvidable amigo Humberto Arango.
P.D. Para responder a varios de los lectores, adelante nos ocuparemos de las marchas por la educación y el bochornoso escándalo del que es protagonista, entre otros, el Fiscal General de la Nación.
Una prolongada enfermedad precedió el deceso que le llevó al descanso eterno y nos dejó huérfanos del afecto con que nos privilegió.
Como era de esperarse, los más importantes medios de comunicación dieron amplia divulgación sobre la exitosa carrera artística que llevó a Humberto a ser sujeto de numerosas distinciones y reconocimientos. Nunca fue puesto en duda su talento y capacidad actoral, todo porque llevaba en la sangre cuanto hacía, aunado al respeto por los cineastas y televidentes.
Mucho tendrá que hablarse y aprenderse por quienes tienen y tengan inclinación hacia las artes escénicas. Él, fue un maestro de la actuación.
En la capital del país tuve el privilegio de conocerle y merecer la amistad que me abrigó por varias décadas y que, además, se extendió a su hijo Carlos Humberto, el más cercano de sus primogénitos. Sincero, franco, vehemente en sus apreciaciones y conceptos, resultaba ser confiable y acreedor del mejor cariño y aprecio. Podía diferirse en algunos aspectos, pero nunca se llegaba al irrespeto. Humberto fue un ser cabal, correcto, con errores y equivocaciones como todo ser humano, habida cuenta de su fragilidad. Por todo y con todo, sólo me queda en este espacio hacer llegar mi voz de solidaridad y aliento a su familia y amigos, amén de darle gracias a la vida por tantas cosas y momentos que compartí con mi inolvidable amigo Humberto Arango.
P.D. Para responder a varios de los lectores, adelante nos ocuparemos de las marchas por la educación y el bochornoso escándalo del que es protagonista, entre otros, el Fiscal General de la Nación.
