viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-10-18 01:46

Achicar el Estado

Escrito por: Froilán Casas
 | octubre 18 de 2017

En la práctica, un buen número de empresas del sector público, son ineficientes. La exagerada burocracia, la fastidiosa tramitología; han hecho de las empresas estatales unos paquidermos imposibles de reestructuración. La mala administración y las diferentes prebendas y “derechos” exigidos a lo largo del tiempo han hecho inviables el funcionamiento de las mismas. Podemos decir que muchas de ellas han sido devoradas por los mismos funcionarios. Para citar ejemplos: COLPUERTOS, Caja Agraria, Telecom, algunas empresas de licores, el ISS; el antiguo Ministerio de Vías y Transporte, cuando ejecutaba directamente las obras, ¡qué corrupción! No sé, pero en el colectivo social  nuestro aparece aquello de: lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta. En el imaginario cultural aparece una voracidad insaciable por “ordeñar” a la empresa estatal. El Estado ha sido incapaz de frenar la corrupción y casi todas las medidas tomadas resultan inocuas para resolver el problema. Nunca como ahora tenemos tantos órganos de control y, sin embargo, las ollas podridas aparecen por doquier. Todo mundo habla de ser salvador en épocas electorales, pero en llegando al poder, muchos de ellos, siguen con las mismas mañas y peores aún. Parece la corrupción como un pulpo con centenares de cabezas, en donde si se corta una, reverdecen dos. Algunos gobiernos han pretendido achicar al Estado, los resultados han sido irrisorios, aparecen nuevos problemas, se aplica aquello de: hecha le ley, hecha la trampa. Es evidente, entonces, que con mucha frecuencia, el Estado ha sido pésimo administrador: lleno de burocracia y de corrupción, -mal manejo del erario-. Muy pocas entidades del Estado son eficientes. Algunos funcionarios tienden a ser mañosos, paquidérmicos y “rogados” para cumplir con sus obligaciones. El usuario tiene que quedar eternamente agradecido con cualquier servicio que deben prestar. ¿Acaso no son pagados con nuestros impuestos? La Ley 734 es muy difícil de aplicar. Un directivo que se atreva a aplicarla, resulta más “empapelado” que el sindicado. Lo mejor es, entonces, hacerse de la vista gorda y dejar así las cosas. Hay funcionarios que están tan blindados que resultan intocables, por eso abusan. Muchos defensores de los derechos humanos son parciales en sus juicios. Los invito a aplicar esta frase de Aristóteles: “Yo amo mucho a Platón pero amo más la verdad”. Mientras no nos casemos con la honestidad, nuestros juicios serán siempre sesgados y viscerales. En este desorden social y político, aparece la ley del: “¡sálvese quien pueda!”. Si aplicáramos el lema de nuestro escudo nacional: LIBERTAD Y ORDEN, viviríamos una verdadera democracia. Muchas veces, por defender la hermosa e indiscutible libertad, masacramos los derechos colectivos, las creencias personales y las tradiciones culturales. Benito Juárez decía: “el respeto al derecho ajeno es la paz”. Hoy se proclama a todos los vientos un código de derechos, sí, se han silenciado o, en el peor de los casos, se han negado los deberes. Aquí reina la ley de la jungla: gana el más fuerte. El Estado no garantiza el derecho de todos los ciudadanos. Para la muestra, un hecho: todo mundo tiene que vivir enrejado, pues el Estado a quien le tributamos impuestos, no nos da seguridad. Sólo se tutelan los derechos individuales.

+ Froilán, obispo de Neiva


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