Acabar las contralorías
Por: Mario Solano Calderon
Cada vez que sale a luz pública de alguna entidad, lo primero que se viene a la mente de muchos es, acabar con esa institución. Ahora de nuevo le toca el turno a las contralorías de los entes territoriales por el escándalo del contralor de Antioquia.
Lástima que siempre se den estos debates al calor de las situaciones y no del análisis frío, cierto y real de cada institución. Para eso se deben tener órganos de control político limpios, porque si están comprometidos en escándalos los consejos y asambleas, como estos van ejercer un control político, así, imposible.
Lo ideal es medir la contribución de las contralorías en la no pérdida de recursos, en la recuperación de los recursos, como establecer el costos de las mismas versus recuperación de los recursos a través de sus juicios de responsabilidad fiscal y el cobro coactivo que realizan, estos deberían ser indicadores para la rendición de cuentas.
Es claro que el tema no es de las instituciones como tal, ya que las instituciones las conformas personas, y estos individuos son los que terminan desviándose del camino y así los grandes pensadores y reformadores toman la gran idea que lo mejor es acabar la institución.
La sociedad colombiana debe de corregir el rumbo del dinero fácil heredado del narcotráfico, viéndose ahora en todos los estamentos tanto públicos como privados. Porque normalmente se habla de corrupción es del público y poco se habla de privado, pero el hecho es que poco se hable, no significa que no exista y que no sea igual al público.
Con la reforma qué transita en el congreso de la contraloría general, en la cual sólo se habla de lograr realizar el control en línea, ha dejado escondida varios puntos a la luz pública como el incremento de presupuesto, la disminución del próximo periodo para los contralores y así cambiar la fecha de elección de los mismos.
Se comenta de siempre la posibilidad de acabar las contralorías y dejar un cuerpo de rendición de cuentas, o tribunal de cuentas, suprimir los contralorías municipales y departamentales y dejar todo en cabeza de la Contraloría General, en fin son múltiples las propuestas y todas pueden ser buenas, pero mientras no logremos cambiar la cultura de la ilegalidad, del dinero fácil, cualquier cambio que se realice siempre será para frustración del pueblo colombiano.
