martes, 31 de marzo de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-09-12 02:53

Abuso de poder, intolerancia y pocos valores en una institución centenaria

Escrito por: José Eliseo Baicué Peña
 | septiembre 12 de 2020

Por: José Eliseo Baicué Peña

¿Qué se cree la policía? ¿Acaso, Dios? ¿Cree que puede acabar con la vida de las personas? ¿Cree que puede maltratar, humillar, golpear, disparar, ultrajar, exigir coimas, matar, pisotear y pasar por encima de los ciudadanos, solamente, porque portan uniforme y armas?

Estas preguntas me las hizo el jueves anterior, un señor de 80 años, muy lúcido y directo, mirándome fijamente a los ojos.  Sin darme tiempo a responder, agregó otros calificativos para la policía colombiana, unos derivados o sinónimos de los ya expuestos, y otros diferentes que no voy a mencionar en este artículo, pero, que pueden llegar fácilmente a la imaginación de los lectores.

Se despidió, llevando su desayuno en una bolsa, y pidiéndome lo siguiente: por favor, caballero, escriba algo sobre esto. 

Hoy la policía de Colombia es un referente mundial.  Los periódicos, los medios audiovisuales y los digitales, están hablando de la brutalidad de nuestra policía.  Y, claro, no es para más. 

Los hechos de los últimos días dan para eso y mucho más.  Se está diciendo mucho sobre esta institución centenaria.  Se está hablando que si ya venía con mala reputación, que en el 2016 fue el centro de la atención nacional por la Comunidad del Anillo, que ha habido muchos casos de corrupción en los que algunos policías han resultado involucrados, se sabe de casos de extorsión que también se le atribuyen a la policía, de malos manejos dentro de los altos mandos de la institución, de abusos de poder, de inoperancia, de ineptitud, de la eterna fama de llegar tarde cuando se le necesita, de manejo de influencias en todos los niveles, y muchas otras cosas.

Pero, la semana que estamos concluyendo, unos policías rebosaron la copa.  Se excedieron en el uso del poder, del uniforme, de las armas, e hicieron uso de sus propios procedimientos personales dictados, no por los protocolos de su institución, sino, por su propia razón, por su propia conciencia, su mediocre raciocinio, por su propia cultura; demostraron de dónde vienen, demostraron su formación, sus principios, sus valores, su maldad, su brutalidad. 

La alcaldesa ha dicho que desobedecieron las ordenes de la Alcaldía.  Otros análisis expresan que la policía no puede seguir dependiendo del Ministerio de Defensa, sino, que debe pasar a ser parte del Ministerio del Interior, como sucede en otros países, y que muestran positivos resultados. 

Estoy de acuerdo con esas dos cosas.  Aunque considero que el problema no es tanto de dónde dependa la institución.  Creo, que tiene que ver con todo el proceso mismo que se inicia con la incorporación misma y transcurre durante toda la carrera hasta el retiro. 

Sin justificar lo que ha sucedido por parte de estos uniformados, y aclarando que son algunos, me parece que es urgente replantear algunos aspectos, a saber: 

Cuáles son los criterios para ingresar a la institución. Qué cualidades y capacidades debe tener el aspirante. Qué proceso de seguimiento y acompañamiento psicosocial se lleva a cabo. Cuál es el trato que se les brinda.  Cómo están remunerados. Qué tipo de instrucción se les imparte. Quiénes imparten esta instrucción.  Qué estímulos se les ofrece. Qué ejemplos ofrecen los altos mandos. Qué beneficios se tienen.  Con qué periodicidad se capacitan.  Quiénes lo hacen.  Qué estrategias viene desarrollando la institución para mejorar su cultura organizacional, y su imagen a nivel nacional. 

Sería bueno responder estos interrogantes.  Aunque, repito, no justico, por ningún motivo las muertes, ni las imposiciones que sucedieron esta semana.