A votar en serio y sin miedo
Por Humberto Cardoso Vargas
Por estas épocas electorales se experimenta en el país una evidente actividad político-partidista, con el propósito de acceder a los privilegios que nuestra democracia depara para quienes tienen liderazgo y vocación de servicio. Una gran masa de personas de todas las condiciones, impredecible e incontrolable, decidirán cómo habrá de integrarse el próximo Congreso de la República y quien habrá de ser el nuevo Presidente de los colombianos. Los diversos matices ideológicos de los aspirantes, como nunca antes se había visto, terminarán por elegir un Congreso altamente fragmentado y dividido, como consecuencia de la encrucijada en la que se encuentra el país, que tiene en su horizonte las opciones claramente definidas de la izquierda o la derecha, ya no liberal o conservadora como ocurrió durante mucho tiempo.
Afortunadamente las autoridades correspondientes, han conseguido contrarrestar, con sanciones efectivas, el control de los aspirantes inhabilitados, el llamado trasteo de votos y se han menguado prácticas funestas, ejecutadas por grupos armados al margen de la ley, que ejercían violencia sobre el elector para que votara de una determinada manera o se abstuviera de hacerlo y no obstante el considerable abstencionismo, existe una franja importante de ciudadanos, por fortuna muchos de ellos jóvenes interesados en la política, llamados a preservar nuestra centenaria vocación democrática. Sin embargo subsiste un importante grupo de electores, que posiblemente votarán según sus necesidades más apremiantes, sin ninguna convicción de orden ideológico y por intereses puramente personales, a diferencia de aquellos que lo harán convencidos de sus ideales políticos.
Lo cierto es que los colombianos debemos prepararnos para asumir la etapa del posconflicto, dispuestos a disipar los miedos del fantasma del castro-chavismo y convencidos de las bondades del proceso de paz, que cerró un capitulo funesto en la historia de Colombia, para que a corto plazo, dependiendo del nuevo gobierno, tengamos un país mejor que el que hubiésemos podido tener, si no se pone fin al conflicto armado con la guerrilla de las Farc. De no ser así corremos el grave riesgo de interrumpir o aplazar, quien sabe por cuantos años más, el proceso de reconciliación que hemos iniciado. En nuestras manos está el futuro del país, votemos en serio y sin miedo.
