A votar
A votar es la consigna que se escucha por doquier. Creemos que de nuevo el abstencionismo será el protagonista de este proceso electoral. Tenemos nuestras angustias y nuestras razones direccionadas a considerar que este país no tiene retorno hacia una democracia participativa, pluralista y solidaria, como era de esperarse en pleno siglo XXI y cuando las instituciones deberían estar fortalecidas sobre presupuestos de equidad, justicia y respeto al otro.
Votar es un sueño de la democracia. Es una opción y una posibilidad de ser consecuentes con el gobernante. Se requiere para poder participar tener la plena certeza y una completa ilustración sobre el proceso a participar y las consecuencias que han de derivarse de dicha actuación participativa en las urnas. Que quienes aparezcan como candidatos tengan cercanía con el electorado, se sometan a la confrontación de ideas, que las mismas estén edificadas sobre elementos esenciales coincidentes con su vida pública y con la realización de sus actos. Que su pasado y quienes le acompañen en ese propósito, tengan la trasparencia necesaria para confiar en sus objetivos y en sus propósitos.
Colombia, como se mira el panorama, ha de repetir el mismo ciclo en el cual, los electores no tienen el más elemental conocimiento de la responsabilidad histórica a la que se enfrentan. Los grandes males de nuestra sociedad se siguen perfilando en la ambición burocrática y de participación en los procesos corruptos, donde los entes de control no han de propiciar, de ninguna manera, esa tendencia que fuera el proyecto de un expresidente cuando advirtió que su objetivo era disminuir la corrupción “hasta sus justas proporciones”.
La corrupción es un gran mal que va aparejada a la vida del elector. No es solo responsabilidad del funcionario público que se postula a una elección o que ejerce el cargo, es además de quien lo elige y de ciudadano que está pendiente de hacerle el quite a la ley. No olvidemos que la corrupción no tiene llenadero, la ambición de poder y de riqueza, no se detienen y entre más se tiene, más se quiere, o lo que es lo mismo, se busca el poder para silenciar los procesos y las investigaciones en su contra y se procura en todo momento acabar y destruir lo poco que nos queda.
A votar puede ser un camino, no porque los males y las vicisitudes que vivimos hayan de desparecer, no porque esto lo remediemos de la noche a la mañana. A votar es una consigna que requiere uno de los elementos que más está ausente en nuestra sociedad y se denomina educación. Educación política, ética y moral. Elementos que han desparecido de nuestro lenguaje o qué si aún quedan rezagos, solo son utilizados para generar el abuso de dichos términos y el acomodo de las situaciones y circunstancias de la vida a la idea y la forma de interpretar cada una de estas manifestaciones en nuestra propia vida corrupta.
Se hizo alarde en la pasada primera vuelta de haber derrotado la abstención, por cuanto el 53% de los electores participó en las urnas. Triunfo pírrico que no nos consuela. Triunfo que para nada constituye un elemento que nos abra el camino para entender que estamos ad portas de una sociedad igualitaria y justa. Elementos adicionales como la posibilidad de otras opciones frente a los dos candidatos actualmente en contienda, nos llevan a pensar que estamos equivocados. Que no sabemos participar en procesos democráticos y que cuando no se nos tiene en cuenta, todo lo demás no vale. Por eso el voto en blanco y la abstención, son en este momento, los grandes ganadores de esta situación a la que nos enfrenamos, en las elecciones del día de mañana y son fruto de la irresponsabilidad a la que nos enfrentamos.
A votar, siempre y cuando, se tenga la conciencia de lo que representa cada uno de los candidatos para el futuro de nuestras generaciones. A votar siempre y cuando tengamos la conciencia y la voluntad de apoyar y someternos a las consecuencias de quienes han de gobernar, no por los próximos cuatro años, como se dice en el periodo presidencial, sino por los artifugios que hayan de crearse en este periodo para el futuro que nos espera y que no sea modificando un “simple articulito” de la Constitución, lo que haya de depararnos una paz que no hemos vivido hasta este momento.
A votar por la paz y la reconciliación nacional, si estamos dispuestos a asumir los costos de la reparación y de la reivindicación de una patria igualitaria y justa, como la que siempre hemos soñado y no como la que nos han impuesto los corruptos que han detentado el poder hasta la presente. Usted, amigo elector, decide entre participar y elegir al que nos represente con dignidad y con eficacia en la lucha por los postulados sociales que tanto reclamamos o ser cómplice del gran mal que se nos avecina.
