A un año del acuerdo
El mayor reto que asumió el primer mandatario de los colombianos, Juan Manuel Santos Calderón, fue lograr que la guerrilla más sanguinaria y terrorista que haya tenido el país durante más de cinco décadas se hubiera insertado a la civilidad colombiana. Ayer se celebró un año de la firma del Acuerdo Final Renegociado que permitió oficialmente la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, como lo expresa el documento suscrito entre el gobierno nacional y las Farc. Hay que reconocerle a este grupo, la voluntad política para cumplir con lo pactado, a pesar de las dificultades que han tenido desde su inicio para que se atendiera oportunamente la logística necesaria en la ubicación de los guerrilleros desmovilizados en las veredas definidas para tal fin. La dejación y entrega de armas y de los artefactos explosivos a los miembros de las Naciones Unidas, se logró y se empezó a vislumbrar su participación en la arena política, una vez que el Consejo Nacional Electoral les otorgara la respectiva personería jurídica para que se conformara el nuevo partido político. En una verdadera encrucijada política, se convirtió el anuncio de los voceros del mismo movimiento, antes de que sean sometidos a la Justicia Especial de Paz, para que respondan por los delitos de lesa humanidad que cometieron durante su accionar narco terrorista por más de cincuenta años.
La gran polarización política en que se encuentra sumida la sociedad colombiana, desde que se inició el presente gobierno que ha convertido el Acuerdo en el punto de discordia entre los voceros del Centro Democrático, Cambio Radical, un ala del conservatismo y los demás sectores políticos que conforman la Unidad Nacional, han generado una tortuoso tránsito durante los debates en el legislativo, para aprobar toda la normatividad que va a permitir blindar jurídicamente la fase de implementación de los mismos. Por primera vez en su historia el municipio La Montañita, Caquetá, recibió la visita de un presidente de la República, que se produjo en el marco del primer aniversario de la firma del Acuerdo de Paz, que le ha permitido a todas las comunidades que salieron afectadas por este conflicto armado irracional, conmemorar con esperanza los hechos violentos que quedaron atrás en el olvido. Pero Colombia debe saber la verdad y solamente la verdad, para que estos eventos jamás se vuelvan a presentar. Existen muchos pueblos de Colombia, que esperan conocerla con la llegada de la verdadera reconciliación nacional. Es indispensable que el Congreso de la República apruebe la JEP, que es considerada la columna vertebral del proceso. No pueden seguir existiendo dilaciones, ni pueden seguir encontrándose obstáculos que vayan a generar escenarios de duda sobre la continuación de esta fase de implementación del Acuerdo, por el bien de Colombia.
