Opinión/ Creado el: 2019-01-07 04:49
A luchar por los valores
Estamos iniciando un nuevo año y seguimos encontrándonos con una triste realidad, enfrentando hechos de corrupción y malas conductas que son cada vez más frecuentes y visibles. Esto se debe a la carencia de formación de valores humanos.
Los sucesos que vemos a diario a todo nivel, demuestran que se requiere con urgencia un cambio contundente en la consciencia colectiva. La solución a la crisis de valores de los individuos también debe incluir un trabajo introspectivo en nosotros mismos.
Nuestras acciones deben ser congruentes, hay que generar proyectos de vida propios y productivos que se conviertan en un ejemplo a seguir por parte de los que están en crecimiento, las nuevas generaciones. Debemos hacer un esfuerzo por velar y proteger a nuestros niños y tenemos una gran responsabilidad de forjar en los jóvenes una educación integral fortalecida por la urbanidad y la estructura de los valores que tienden a desvanecer, esta formación debe estimular y motivar el emprendimiento, educar ciudadanos competitivos, optimistas, justos, respetuosos, leales y honestos, características fundamentales para el desarrollo de su creatividad y libre albedrío, este fortín mental y espiritual les permitirá luchar por el cumplimiento de sus sueños y metas sin dejar de lado un valor humano de servicio al prójimo.
Nuestras nuevas generaciones continúan creciendo en un mundo carente de compasión, confianza, verdad, libertad, humildad, generosidad, justicia, paz, tolerancia, honestidad, lealtad, respeto y confianza entre otros valores que deberían poseer los ciudadanos en el mundo. Es censurable que los jóvenes de este mundo globalizado reciban un mensaje tan desalentador y frustrante, a diario algunos jóvenes comentan con gran desilusión que lo mismo da ser derecho que traidor, ignorante o sabio, generoso o estafador, bueno o malo, y que les sorprende ver que a quienes les va mejor o triunfan son las personas que hacen trampa o son deshonestos. Esta situación me tiene alarmada, definitivamente hay que hacer un trabajo serio para generar optimismo, confianza y credibilidad en estas generaciones.
Como adultos maduramos y asumimos los valores sociales, haciéndose necesario ejercer el respeto a nuestros semejantes, la cooperación, la comprensión, la vocación de servicio, etc. Hoy luchamos contra la corrupción. Los buenos principios de conducta aprendidos e infundidos en el seno familiar, no podemos olvidar que estos son el eje que direcciona nuestra vida y uno de los mayores tesoros para aprender a convivir con otros y aportar a la comunidad.
Formar líderes honestos, trabajadores, rectos, respetuosos, leales y justos, con gran solidez en su actuar, que no quieran un proyecto de vida fácil o mediocre, y que entiendan que su misión en la tierra es otra, que sirvan a la sociedad, es la única forma de mitigar este tipo de conductas reprochables de corrupción cada vez más frecuentes. Es grande el aporte que nos corresponde a los líderes actuales para fortalecer nuestras instituciones y rechazar conductas poco éticas que día a día vemos en nuestro entorno, tanto en los sectores económico, social, político, público y privado. Nuestras referencias morales están cambiando, incluso el valor de no medir las consecuencias de nuestros actos, no podemos permitir que unos con este lema pretendan vencer lo que otros consideramos inadmisible: “Nada importa excepto yo”, pensamiento egoísta. si bien hay que pensar en nosotros, amarnos y encontrarnos para estar bien y en paz con los demás, eso no significa ni justifica que algunos busquen sobresalir en sus proyectos personales a costa de afectar o pasar por encima de otros. De todos es conocida la frase “divide y vencerás”, y en una sociedad dividida, atomizada y sin cohesión entre sus miembros, prevalece el individualismo, la competencia desleal y el todo vale, lo que inclina la balanza hacia “los nuevos valores”. Se acercan las elecciones regionales y es un momento de cambiar la política tradicional por una política diferente, con una competencia limpia donde primen los valores.
Los sucesos que vemos a diario a todo nivel, demuestran que se requiere con urgencia un cambio contundente en la consciencia colectiva. La solución a la crisis de valores de los individuos también debe incluir un trabajo introspectivo en nosotros mismos.
Nuestras acciones deben ser congruentes, hay que generar proyectos de vida propios y productivos que se conviertan en un ejemplo a seguir por parte de los que están en crecimiento, las nuevas generaciones. Debemos hacer un esfuerzo por velar y proteger a nuestros niños y tenemos una gran responsabilidad de forjar en los jóvenes una educación integral fortalecida por la urbanidad y la estructura de los valores que tienden a desvanecer, esta formación debe estimular y motivar el emprendimiento, educar ciudadanos competitivos, optimistas, justos, respetuosos, leales y honestos, características fundamentales para el desarrollo de su creatividad y libre albedrío, este fortín mental y espiritual les permitirá luchar por el cumplimiento de sus sueños y metas sin dejar de lado un valor humano de servicio al prójimo.
Nuestras nuevas generaciones continúan creciendo en un mundo carente de compasión, confianza, verdad, libertad, humildad, generosidad, justicia, paz, tolerancia, honestidad, lealtad, respeto y confianza entre otros valores que deberían poseer los ciudadanos en el mundo. Es censurable que los jóvenes de este mundo globalizado reciban un mensaje tan desalentador y frustrante, a diario algunos jóvenes comentan con gran desilusión que lo mismo da ser derecho que traidor, ignorante o sabio, generoso o estafador, bueno o malo, y que les sorprende ver que a quienes les va mejor o triunfan son las personas que hacen trampa o son deshonestos. Esta situación me tiene alarmada, definitivamente hay que hacer un trabajo serio para generar optimismo, confianza y credibilidad en estas generaciones.
Como adultos maduramos y asumimos los valores sociales, haciéndose necesario ejercer el respeto a nuestros semejantes, la cooperación, la comprensión, la vocación de servicio, etc. Hoy luchamos contra la corrupción. Los buenos principios de conducta aprendidos e infundidos en el seno familiar, no podemos olvidar que estos son el eje que direcciona nuestra vida y uno de los mayores tesoros para aprender a convivir con otros y aportar a la comunidad.
Formar líderes honestos, trabajadores, rectos, respetuosos, leales y justos, con gran solidez en su actuar, que no quieran un proyecto de vida fácil o mediocre, y que entiendan que su misión en la tierra es otra, que sirvan a la sociedad, es la única forma de mitigar este tipo de conductas reprochables de corrupción cada vez más frecuentes. Es grande el aporte que nos corresponde a los líderes actuales para fortalecer nuestras instituciones y rechazar conductas poco éticas que día a día vemos en nuestro entorno, tanto en los sectores económico, social, político, público y privado. Nuestras referencias morales están cambiando, incluso el valor de no medir las consecuencias de nuestros actos, no podemos permitir que unos con este lema pretendan vencer lo que otros consideramos inadmisible: “Nada importa excepto yo”, pensamiento egoísta. si bien hay que pensar en nosotros, amarnos y encontrarnos para estar bien y en paz con los demás, eso no significa ni justifica que algunos busquen sobresalir en sus proyectos personales a costa de afectar o pasar por encima de otros. De todos es conocida la frase “divide y vencerás”, y en una sociedad dividida, atomizada y sin cohesión entre sus miembros, prevalece el individualismo, la competencia desleal y el todo vale, lo que inclina la balanza hacia “los nuevos valores”. Se acercan las elecciones regionales y es un momento de cambiar la política tradicional por una política diferente, con una competencia limpia donde primen los valores.
