A los Vene-escépticos
Es normal, mas no correcto, que en círculos sociales existan quienes duden que el holocausto judío sucedió, los negacionistas o también llamados creyentes del revisionismo histórico, también están los que dudan que el hombre llegó a la Luna, apoyados en una serie de videos del “detrás de cámaras” de la película de culto y pionera en efectos especiales 2001: odisea al espacio. No faltan tampoco los escépticos del uso de las vacunas, que acusan a dichas prácticas de ser medios de control mental de los gobiernos de turno. Disparatadas o no, estos grupos sustentan sus posturas en hechos, pruebas y razonamientos, lo que no sucede con aquellos que niegan la dictadura y la crisis venezolana.
Lo curioso del caso, es que dichos círculos sociales, son los mismos que con ahínco y determinación piden a gritos la liberación de Palestina o la autodeterminación catalana. Sufren al parecer de una especie de hipermetropía social que mezclada con una pizca de negacionismo, han causado que puedan ver mejor al otro lado del océano, y no a través de una frontera de 2200 kilómetros que nos divide con Venezuela.
Una frontera que no corresponde a una realidad social, ya que por décadas los habitantes del Táchira, Norte de Santander, Guajira, Zulia, Apure, Arauca, se han sentido más cercanos y más hermanos, que con sus compatriotas del interior.
Cruzando esa línea imaginaria, hemos visto como la “crisis invisible” nos ha impactado de manera considerable, a través de ellas han cruzado más de dos millones de personas, la mayoría de las cuales aún permanecen en nuestro territorio, mientras el resto, lo transitan en búsqueda de tierras más australes como Perú, Chile o Argentina.
Según cifras de la Agencia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados, ACNUR, actualmente en nuestro país se encuentran en calidad de refugiados más de un millón y medio de venezolanos. Cifra que no contempla aquellos que entran de manera clandestina.
Existen en ciudades como Cúcuta o Bogotá “villas Venezuela” lugares dónde se han ubicado de manera espontánea o bajo control de los gobiernos locales, a los ciudadanos venezolanos que han huido del régimen en búsqueda de medicamentos esenciales o simplemente una comida diaria.
El régimen de Maduro, como es de esperarse, ha culpado al injerencismo extranjero de bloqueos y sanciones económicas que no han permitido el abastecimiento interno en dicho país. Anteriormente le echaba la culpa a los industriales y dueños de las empresas privadas, razón por la cual procedió a expropiarlas, con el fin de generar políticas de soberanía alimentaria. Un fracaso evidente. Lo cierto es que los bloqueos actuales no son al parecer una barrera fuerte para que Maduro, Diosdado y el cartel de los soles, trasladen fuertes sumas de dinero a bancos en el extranjero.
Nuestros negacionistas criollos, también han optado por otro estrategia, con tal de seguir tapando el solo con un dedo. Decir que los problemas de Colombia están siendo opacados por noticias de Venezuela.
Aun cuando sigan en su hipermetropía se les recuerda, que los problemas del vecino, ya se convirtieron en los nuestros.
