martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-03-08 01:27 - Última actualización: 2019-03-08 01:27

A grandes males grandes remedios

Escrito por: Paloma Valencia
 | marzo 08 de 2019

Seguimos padeciendo la cascada de escándalos que nos conduce a pensar que vamos camino a la anarquía social, a la pérdida definitiva de valores y principios y a la desconfianza total en las instituciones democráticas que soportan el Estado Social de Derecho plasmado en la Constitución del 91.

Son diversos y múltiples los fenómenos sociales que por desgracia nos están agobiando y generando el pesimismo, la resignación, la indiferencia y la desesperanza.

Inequidad social, falta de oportunidades, narcotráfico, minería criminal que arrasa nuestros valiosos recursos naturales, violencia sistemática, criminalidad que se expresa en inseguridad urbana y rural, corrupción política y administrativa, impunidad, manipulación de la información y manejo irresponsable de las redes sociales que canalizan las bajas pasiones ideológicas, políticas y sociales.

Es también evidente que en el contexto global se están presentando algunos de tales fenómenos sociales y culturales que amenazan seriamente la estabilidad de las naciones y generándose una fuerte reacción contra los valores y principios que han sustentado las democracias occidentales.

El Papa Francisco, en su indiscutible condición de líder moral viene llamando la atención sobre los peligros que acechan a la humanidad no solamente en relación con la paz entre las naciones más poderosas que intervienen activamente en los conflictos geopolíticos; sino también sobre el alejamiento de los seres humanos de la espiritualidad cristiana que ha sido el faro moral de la humanidad.

Es verdad irrefutable que las sociedades se reflejan en el espejo de sus instituciones, donde la Constitución política constituye el gran pacto social que permite la sana convivencia y establece las reglas generales que deben conducir a la equidad social y a la calidad de vida de los ciudadanos.

Es en éste preciso escenario donde interviene de manera contundente la cultura política; la seriedad de los partidos; la transparencia de los sistemas políticos y electorales que privilegien y promuevan el liderazgo creativo, con el cual se materialicen los bienes supremos de la sociedad como son la libertad, el progreso, la justicia y la paz.

El sistema democrático con sus imprescindibles instituciones políticas ha demostrado ser el mejor instrumento para que la humanidad haya alcanzado los altos niveles de desarrollo tecnológico, científico y social; pero viene atravesando una seria crisis que se expresa esencialmente en la corrupción como expresión manifiesta de la codicia por el dinero, el poder y el placer.

En nuestro entorno colombiano es evidente que dicho sistema está seriamente amenazado, por la mala calidad de la política y la aberrante corrupción de los políticos que, con muy contadas excepciones, solo buscan sus particulares intereses y los de sus reducidas clientelas atornilladas al presupuesto público.

Lo más dramático de la penosa situación descrita es que el ciudadano no asume su responsabilidad de saber elegir y la justicia no castiga ejemplarmente a los violentos y corruptos. Estamos inmersos en un círculo vicioso en el que no avanzamos, sino que retrocedemos y allí radica el peligro de que estemos incubando la anarquía y una eventual dictadura.

En éste lamentable panorama la solución no está en seguir produciendo leyes emanadas de un Congreso donde está refugiada la mala política y la fuente de la corrupción. Es cada vez más indispensable, una Asamblea Constitucional que cambie las estructuras del sistema político; de la justicia; de los organismos de control; y reorganice la función pública en los diversos niveles del Estado. A grandes males grandes remedios dice la sabiduría popular.


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