Opinión/ Creado el: 2017-07-05 03:04
A festejar la vida
No se necesitan gozar diariamente de grandes sucesos, efemérides o festividades para darnos cuenta que la vida toda debe ser una fiesta, por muchas necesidades o carencias que padezcamos. Así como los huilenses y visitantes acabamos de vivir la versión número 57 del Festival Folclórico y Reinado Nacional del Bambuco, con la misma alegría, optimismo y hermandad deberíamos encarar cada día de nuestra existencia, pero sin los notorios excesos y confiados en que lo malo es cuestión del pasado, la felicidad la estamos construyendo en el ahora y lo mejor está por venir.
Como en los últimos 57 años, el Festival que acaba de terminar nos confirmó que los colombianos, y en particular los huilenses somos mayoritariamente un pueblo alegre, cálido y con la disposición a celebrar los acontecimientos que nos enorgullecen o hacen felices, por pequeños que sean.
En cada evento oficial del Festival como en la cotidianidad de las tradicionales festividades sampedrinas, se reafirmó con pocas excepciones que los huilenses somos un pueblo hospitalario, trabajador, pujante, orgulloso de su cultura y tradiciones, y en donde no existen los forasteros. Así se percibió, de buena fe, entre servidores públicos, organizadores y colaboradores de las fiestas, medios de comunicación y periodistas, comerciantes, público, transeúntes y hasta el comercio informal o quienes viven del rebusque, estos últimos emprendedores que encuentran oportunidades de negocio en este tipo de festividades para mejorar sus ingresos.
Además, el mes de junio de cada año es el pretexto perfecto para que los huilenses que residen fuera del departamento o el país, regresan a su tierra y se reencuentren con el afecto de la familia y amigos, disfrutar las tradiciones y de paso traigan a uno que otro amigo o amiga como turista a conocer nuestra cultura, así eso cueste en esfuerzo económico adicional.
Pero estas festividades folclóricas son una conmemoración de nuestras tradiciones, de nuestra más íntima esencia y raíces como huilenses y por eso no deben decaer en el espectáculo comercial con el que gobernantes y poderosos pagan favores políticos, narcotizan al ciudadano de a pie y de paso buscan el lucro económico con descaro, a la manera de "al pueblo pan y circo".
La cultura es aquello que da identidad y sentido a la existencia de una comunidad o colectivo social, y en tal medida sería propicio analizar qué tanto de lo que hoy son estas festividades tienen de populares, de tradiciones y de dignificación de la huilensidad. Más aún, qué tanto de lo que se vive y se disfruta con euforia por estas nos convoca a mirarnos hacia adentro, a sentirnos orgullosos de nuestro origen y a expresarlo con claridad, al menos por estas fechas.
Debemos celebrar la vida, que incluye la cultura, tradiciones y costumbres que dignifican nuestra existencia, y por lo mismo cada instante vivido o desperdiciado pero que se queda en nuestra memoria, cada acontecimiento disfrutado o sufrido pero que nos ha fortalecido, cada persona que nos ha aportado o quitado pero que nos ha enseñado, cada sueño frustrado, realizado o proyectado que nos inspira.
Pero a menudo estamos demasiado distraídos en banalidades o ausentes de lo importante para darnos cuenta. Constantemente ignoramos las incontables oportunidades que la divinidad nos pone de presente para hacernos entender que los pequeños detalles de nuestra vida cotidiana nos dan más felicidad que todo el dinero o que la mejor celebración del mundo.
Dejemos de vivir la vida como sonámbulos o zombis absortos por los problemas o el espectáculo. Abramos los ojos a los pequeños detalles, los objetos más comunes, los gestos ordinarios, las personas cercanas, las oportunidades que están frente a nuestros ojos.
Las fiestas de San Pedro deben volvernos a nuestra esencia, aquella en la que familia, amigos y vecinos se reunían sin ninguna pretensión mayor a celebrar la amistad, a festejar el fruto del trabajo y a compartir, uniendo felizmente cuerpo, mente, corazón y alma, todo lo cual cabe en la hermosa fiesta de la cultura de la vida.
