A deshacer el hielo
Caminar es una de las tantas acciones que aprendemos desde muy temprana edad y que nos proyecta a lo largo de nuestras vidas. Es la hermosa capacidad que nos permite acercarnos, encontrarnos, juntarnos para recorrer un camino con el otro y nos ayuda a construir nuestra humanidad.
Desde el nacimiento hasta el final de nuestra vida nos relacionamos con todo tipo de personas en el ámbito familiar, educativo, social y laboral o productivo, pero la clave está es siempre en la fraternidad, ésta asumida como actitud de comprensión y colaboración mutual. Procurar comprender para ser comprendido es una determinación de la vida que nos llama a reconocernos unos a otros desde la dignidad humana.
La diversidad y complejidad humanas, sumado a la necesidad de relacionarnos con otros como seres sociales, nos lleva continuamente afrontar y resolver conflictos en los ambientes donde nos vemos involucrados desde la casa hasta el trabajo. Pero claro que para superarlos debemos asumir con entereza e integridad la transformación de los mismos de manera objetiva y constructiva.
Criticar el camino es la acción más fácil, pero encuentre la fórmula para recorrerlo y repararlo. El camino está continuamente lleno de dificultades, problemas, apuros y obstáculos. El camino es la vida y las diferentes acciones son los comportamientos que asumimos para superar los conflictos y aprietos en los que nos vemos involucrados a diario.
Los conflictos son esos fenómenos y anomalías naturales del devenir diario de las personas. No son buenos ni malos, simplemente son inmanentes al ser humano porque cada uno es único e irrepetible, y como tal con opiniones, intereses, gustos y aspiraciones que no siempre coinciden con los del prójimo. Por eso la importancia radica en cómo buscar soluciones o salidas dignas o decorosas a los desencuentros que tenemos con los otros, en donde no haya vencedores ni vencidos y cuyo desenlace sea un gana-gana para las partes implicadas.
El conflicto además de natural, es necesario en cuanto de él podemos aprender mucho y es una oportunidad de mejora, Por eso, es un necio quien intente eliminarlo, reprimirlo, combatirlo o ignorarlo como aplicando 'la ley del hielo', pues solo terminara por escalarlo.
Utilice contrariamente la ley del hielo en forma constructiva, calurosa, útil y favorable y que anime la comunicación, el diálogo, y no dejarla enfriar al punto de llegar a ignorarla porque le hizo un daño. De modo que trate de evitar al máximo de personalizar el conflicto, haga a un lado a las personas ruidosas, trate de no lastimar ni ofender a nadie. No busque por que encuentra la incompatibilidad entre las personas que persiguen fines o valores diferentes.
En el camino se encuentran continuamente obstáculos o dificultades embarazosas y en nuestra vida esos conflictos siempre los asumimos de manera personal y negativa. El conflicto es una posibilidad de mejora que me ofrece el otro para revisarme, resarcir y enmendar mis errores. Es buscar una alternativa al dilema generado por el problema, resolviendo exitosamente y transformando la situación para que no se vuelva a repetir.
La invitación ahora es a tejer lazos finos de amistad, fraternidad y hermandad porque no se trata de construir exclusivamente con los de la misma sangre sino con las demás personas. Los filósofos de la antigüedad entendían la hermandad como la ayuda mutua constante o una alianza marcada con tinta indeleble como la realizada por el pueblo de Israel con Yahvé: "Tu serás mi pueblo y yo seré tu Dios". Por lo tanto, es una promesa o una alianza que se establece entre un grupo de personas para colaborarse, auxiliarse y socorrerse siempre y en todo lugar.
