jueves, 02 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-04-11 05:05

A controlar la natalidad (II)

Escrito por: Álvaro Hernando Cardona González
 | abril 11 de 2020

Lo moralmente correcto será, es que como resultado de la pandemia del Coronavirus pasemos a la acción. Controlemos la demografía; ahora. Menos embarazos sólo depende de nosotros ¡Dejemos de parir! Urge pensar éticamente si es conveniente traer  a este planeta nuevos seres humanos. Y pensar éticamente si es conveniente para quienes ya estamos en él traer a la vida más ocupantes (como lo concluye el papa Francisco I en Laudato, Si).

Las enfermedades propias de la fauna silvestre han empezado a pasarse al organismo humano, como el COVID-19. ¿Será que el planeta nos dice algo? Es una reflexión que debemos poner en orden del día a día. Esta pandemia no tocó solo a los africanos, o sólo a los indígenas, o sólo a los negros, o sólo a la población LGTBI o sólo a los pobres. Toca  a la humanidad.

El uso de las tierras, la urbanización expansiva, un aumento del extractivismo como producto de que somos más y por tanto necesitamos más, ha puesto al ser humano en graves disyuntivas que tienden a tergiversarse, ¿cuándo no? por politiqueros necios e irresponsables. No se trata de redistribuir la tierra, ni de disminuir el consumo, o como sucedió reciente en los USA que los ancianos piensen en las generaciones que vienen y se “sacrifiquen”. No, somos demasiados sobre un planeta que no da abasto y no lo ha dado  hace mucho. Miren, ya en 1972 conocimos “Los límites del crecimiento” (estudio publicado ese año y contratado por el Club de Roma en el año 1968) y desde entonces estábamos advertidos que el crecimiento humano tenía un límite que era la oferta natural; el agua, la flora, el aire, el paisaje, las tierras aprovechables, etc. Pero desoímos sus recomendaciones porque no aplicamos el simple sentido común y preferimos las orientaciones de politiqueros que sólo estiman el voto y beneplácito coyuntural al bienestar estructural de la humanidad.

Aguantemos: hoy tenemos una pandemia que en solo tres meses colapsó el sistema sanitario de 174 países del mundo. Y no es la primera vez que esto sucede. Recordemos que ya habíamos tenido: ébola, fiebre hemorrágica, encefalitis por virus de Nipah, enfermedad de Lyme, virus del Nilo occidental, Zica, Chicungulla,  y fiebre de Lassa, entre otras.

El hombre es necio, provoca su propia destrucción y la de los demás. Tenemos más hijos de los que deberíamos, y peor, desde la misma óptica ética y moral: traemos hijos pese a saber que no podemos sostenerlos o brindarles mejor calidad de vida de la que tuvimos. Preferimos la hipocresía a la verdad insoslayable: quienes son más desfavorecidos económicamente, más hijos traen; luego decimos que la pobreza crece y que la riqueza está inequitativamente distribuida. Lo repetimos: ¡hipócritas!