A controlar la natalidad (I)
Hoy muchas más personas parecen coincidir en que la naturaleza trata de decirnos algo, realmente siempre lo ha hecho. En medio de la pandemia que sufre el ser humano, el planeta recobra salud y vitalidad. Dice algo.
Somos muchos, esa es la primera conclusión que debemos sacar. Por ser tantos saturamos el escaso territorio-superficie disponible. Está atiborrado. Somos más pero el territorio que podemos ocupar es el mismo.
Por ser más, consumimos más. Vertientes ideológicas irracionales le echan toda la responsabilidad del daño ambiental al capitalismo, pero en los países de esas vertientes es donde más crece la población: ¿cómo la alimentamos? ¿cómo la vestimos? ¿cómo les construimos hogares para guarecerse y garantizar los derechos humanos? ¿cómo hacemos para garantizarles infraestructura para su movilidad, para su salud, para su recreación u otra?
Debemos partir, como siempre lo reiteramos, de sincerar los problemas: 1.- Somos cada vez más sobre un escaso territorio 2.- No hay forma de lograr progreso o calidad de vida, incluso la sobrevivencia, si no es usando, de una u otra manera, los recursos que la naturaleza nos ofrece 3.- El aumento de la demanda de los recursos naturales trae consigo conflicto social.
Entonces estamos obligados a reflexionar en tiempos de crisis: ¿tenemos derecho a traer más seres humanos a este planeta? Y más, ¿es ético traerlos ahora cuando tenemos la certeza de que vendrán otras crisis similares?
En alguna parte leíamos que aunque es seguro que la mayoría de la población mundial sobrevivirá al nuevo virus, no lo es saber si nuestro futuro impone la realidad de convivir con tapabocas como prenda básica.
Copiamos esta afirmación: el planeta nos ha acogido con amor. “Nos provee de recursos para sostener nuestras sociedades, para suplir necesidades. Produce el agua, los alimentos, el aire puro, la polinización, los minerales y los espacios donde desarrollamos la cultura e identidad en cada lugar del planeta. Son los llamados servicios ecosistémicos.
Al planeta lo hemos transformado nosotros los humanos; lo ocupamos, lo alteramos y abusamos de lo que nos ofrece. ¿Dónde comenzó ese abuso? Sin duda llenando con exageración de seres humanos la Tierra más allá de los límites de su oferta.
El planeta está enfermo y ahora nos está enfermando. Este virus es producto de la mutación de uno que afectó a un animal y ha mutado (¿durante cuánto tiempo?) para hacernos daño cuando consumismos ese animal. De esta pandemia saldremos, pero quién sabe de la siguiente. Lo ético es pasar a la acción y dejar de buscar excusas. Necesitamos ser menos, muchos menos. ¡Dejemos de parir! No es nuestro derecho, es el derecho del que traemos a la vida.
