viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-12-30 02:28

A cero

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 30 de 2019

Por: Tatiana Dangond

En el 2019 el tema más reiterativo en mis columnas fue la situación de vulnerabilidad y violencia en la que se encuentran los líderes sociales y defensores de derechos humanos en Colombia, y a pesar de que ha sido un asunto que ha despertado todas las alertas todo apunta a que la situación está empeorando sin que se tomen medidas a fondo para darle fin a este flagelo.

Cerramos este año con dos hechos muy dolorosos como lo son el asesinato de Nathalia Jiménez y Rodrigo Monsalve, quienes fueron desaparecidos en la zona de Palomino y encontrados posteriormente sin vida, y el caso de la líder Lucy Villareal en Tumaco quien fue asesinada después de haber dictado un taller a niños. Estos dos hechos, sin perjuicio de los resultados que puedan arrojar las investigaciones que adelante la Fiscalía, hacen parte un plan de organizaciones criminales en contra de la población civil para atacar y amenazar sistemáticamente a líderes y defensores de campesinos, de comunidades indígenas, de mujeres rurales y de grupo poblacionales en situación de vulnerabilidad que se encuentran a merced de las bandas criminales, grupos guerrilleros y disidencias.

Según el informe que fue presentado por el programa Somos Defensores, por lo menos 58 líderes fueron asesinados este año, y si bien este número disminuyó frente al 2018, el número de agresiones y amenazas aumentó, presentándose una situación sumamente crítica para la protección de los derechos de los defensores. Ahora, lo cierto que es esta situación no solo necesita de la acción de la justicia, la celeridad en las investigaciones y en la determinación de los responsables, sino de la formulación de una política pública concreta que esté encaminada a la protección de líderes y defensores. Esta debe tener alternativas como el sistema de alertas tempranas, hasta medidas que pro de la seguridad que permitan detectar zonas de especial riesgo y adoptar acciones estratégicas para buscar la garantía y protección de los derechos de las personas que se encuentran en estas zonas de alto riesgo.

El hecho de que hayamos vivido y estemos en un conflicto tan largo y doloroso, no puede derivar en que concluyamos que no hay caminos diferentes que rendirnos a la criminalidad y a los violentos como si fuera nuestro destino irrevocable o que si el silencio fuera la única salida para cuidar la vida.  No podemos seguir viviendo con indicadores de gestión, necesitamos resultados concretos en el goce efectivo de los derechos y esto solo se demostrará el día en el que el número de líderes sociales se reduzca a cero.

 En memoria de Natalia, Rodrigo y Lucy.

 La memoria es saber que siempre estaremos incompletos porque no estamos todos quienes tendríamos que estar aquí, porque el dolor de muchos y la ausencia merecen el entendimiento y la presencia de quienes quedamos.