La mal utilizada igualdad de género
Por: Froilán Casas
Obispo de Neiva
Me ha parecido tonta y bizantina la mal llamada “lucha” en favor de la tal “igualdad de género”. Comenzando que el género hace caso al adjetivo que califica al sustantivo; si éste es masculino, obviamente el adjetivo irá en masculino y si el sustantivo es femenino, igual. Una cosa es el género y otra el sexo; pero bueno, así son las cosas, ya se metió en el colectivo cultural que género se refiere a la diferencia de sexo; dejemos las cosas así, aunque me parece que va en contra de la clasificación de la lengua de Cervantes. Hoy muchas cosas se hacen al revés hasta volverse “normales”: unisex, las mascotas no se compran, se “adoptan”; los niños escogen el sexo, ¡qué horror y lo que aún nos falta por ver! Definitivamente este es un hombre absurdo, -peores épocas ha tenido la humanidad, como llevar millares en terrible hacinamiento a los hornos crematorios, por el delito de ser judíos, ¡qué absurdo!-. Pare, ¡cuántos admiraban al Führer! Definitivamente esta es una sociedad de locos. Stultorum infinitus est numerus = es infinito el número de idiotas, -aforismo latino-. Llega una dama a un alto cargo público y entonces vienen las admiraciones, “primera vez que una mujer ocupa ese dignísimo cargo”. Pero por favor, es algo lógico, si apenas hace aproximadamente una centuria las mujeres empezaron a incursionar en la vida universitaria y por ende en la investigación; no porque fueran brutas, sino porque la realidad cultural tenía otros parámetros que fueron buenos en su época, -claro, hoy es un absurdo-. Si las mujeres no llegaban a ocupar altas responsabilidades en el sector público o privado, no era porque tenían menor el coeficiente intelectual, sencillamente no se preparaban, ¡ah, hay cantidad de mujeres superiores intelectualmente a los varones! Eso es verdad de Perogrullo. Dejemos esas divisiones tontas y propias de conversaciones de holgazanes. A mí no me importa si quien me gobierna, si quien gerencia una empresa es un varón o una mujer, basta que sea una persona preparada, capaz y de alta solvencia académica, profesional y humana. No me vengan con esos cuentos de llegar a la “igualdad” de género en la planta burocrática. Por favor, hay temas prioritarios. No se apaga el incendio discutiendo si el carro-tanque es rojo, azul o blanco; basta que tenga unas buenas mangueras hidratantes; a mí no me importa si los gatos son negros, grises o blancos, basta que cacen ratones. Por favor, vayamos al meollo de los problemas, no nos quedemos en esas trivialidades. A mí no me importa si la persona pertenece a la etnia indígena, afrodescendiente, mestiza o blanca, para mí cuenta la persona y basta. Todas esas banales discusiones han desviado la centralidad de los problemas y por ende de las soluciones. Quienes hablan de esos temas en el fondo no han superado complejos o, están todavía con algún resentimiento. Y en el lenguaje, ¡qué errores y horrores! Eso de hablar de niños y niñas, hermanos y hermanas, etc., ¡qué tontería! En español, eso se llama un circunloquio, es decir, un rodeo verbal inoficioso. Cuando decimos niños, están involucradas las niñas.
+ Froilán, obispo de Neiva
