Educación para el desarrollo
Aplicar un solo rasero para pretender medir la calidad y equidad en la educación de todo un país es un poco complejo debido a la diversidad geográfica, las diferencias económicas, la disparidad de recursos disponibles y la heterogeneidad del contexto socio cultural de cada región, todas ávidas de salir de la pobreza y marginalidad en la que se encuentran. En el sur del país (Colombia), las autoridades gubernamentales deben observar las condiciones socioculturales en las que se encuentran niños y jóvenes para ajustar la normatividad en educación con pertinencia y alienarla al contexto con enfoque diferencial o de equidad. No podemos medirla con la misma regla.
Para encontrar la calidad de un sistema educativo regional debemos concientizarnos todos que la educación es el instrumento más poderoso para mejorar las oportunidades de progreso, bienestar y desarrollo económico local. Por lo tanto, la educación debe pasar de ser un asunto gubernamental a generar una movilización social y ciudadana nacional.
Por ejemplo, ¿se podrá medir con el mismo rasero una institución pública con una privada?, cuando ésta última tiene libertad para invertir sus recursos, se rige por estándares de calidad internacional, posee infraestructura más adecuada, cuenta con laboratorios y simuladores tecnológicos para realizar experimentos, disfruta de amplios espacios para la lúdica y el deporte entre otros. Mientras que la pública en la mayoría de casos funciona con infraestructura física y tecnológica deficientes y en ambientes de aprendizaje poco acogedores o estimulantes.
Los docentes de la educación privada deben conservar comportamientos éticos y morales, continuamente son evaluados y medidos según los resultados de sus estudiantes en las pruebas del Estado, deben contar con mínimos estudios posgraduales y niveles avanzados en una segunda lengua. Los niños y las niñas periódicamente son evaluados en el desarrollo del pensamiento y las competencias ciudadanas.
Las comparaciones siempre terminan por ser detestables. Y la verdad sea dicha no podríamos medir un colegio privado de la capital del país ubicado en un estrato socio económico alto con una escuela rural de un pueblo del sur del país distante a 320 kilómetros, en donde la marginalidad y pobreza es el pan de cada día y el cual es atendido por una sola profesora para varios grados o cursos de primaria y sin recursos educativos, pedagógicos o didácticos. No existe comparación ante la enorme brecha en cuanto a infraestructura, calidad y cobertura, talento humano, recursos disponibles, facilidades de acceso y permanencia, las condiciones, sociales, culturales, étnicas, económicas y geográficas en la que se desenvuelven sus estudiantes, las familias y las propias instituciones educativas.
El Ministerio de Educación Colombiano ha realizado ingentes esfuerzos en los últimos años con el fin de acomodarse a las políticas dictadas por organismos internacionales sobre el tema de educación y desarrollo. Uno de los aspectos formulados es la cobertura educativa, con el fin de llegar a zonas apartadas del territorio nacional donde el acceso a la educación primaria era una hazaña. Hoy son notorios esos avances de tal manera que los porcentajes de analfabetismo y niños por fuera del sistema escolar son mínimos.
Si en la educación inicial y primaria los avances han sido evidentes y la secundaria camina a pasos agigantados, el desafío siguiente es mejorar la calidad educativa. Para ello, debe hacerse una gran convocatoria público - privada para que los esfuerzos sean en conjunto y se avance en el mejoramiento cualitativo del sistema educativo hacia la ciudadanía, la ciencia, la investigación, la innovación, la tecnología, el emprendimiento y el desarrollo, factores que tienen un mayor impacto sobre los fines relevantes en la educación.
En esta misma alianza publico privada y con el fin de cerrar la brecha social en la educación superior se debe invertir recursos para garantizar que muchos jóvenes bachilleres accedan a una formación de calidad universitaria. Mejorar la formación inicial, básica y media, acortar la distancia de calidad entre educación estatal y privada y generar alianzas entre las instituciones de educación superior, el sector productivo y el Gobierno, serán decisivos a la hora de incidir en la competitividad del país. La política pública educativa del nivel superior debe ser cofinanciada, subsidiada o en algunas ocasiones ofrecerla en forma gratuita y contribuir a la implementación de los proyectos que favorezcan a la población que se está quedando por fuera del sistema formal.
