4 reformas que podrían funcionar
Por: Jesús Andrés Vargas Gutiérrez
Tal vez sea algo presuntuoso querer cambiar el país a partir de un simple escrito, pero si tomáramos conciencia de que el debate se hace entre todos, no esperaríamos a que unos cuantos hicieran las reformas a la medida de ellos.
Por eso considero que de hacerse una nueva reforma política y electoral, sería bueno que al menos se tuvieran en cuenta estas 4 propuestas
1. Periodos de 5 años: No se trata de darles un regalo a los mandatarios de turno, pero si que puedan inaugurar las obras que comenzaron en sus gobiernos y que sean responsables de todas las vicisitudes que se puedan llegar a presentar en el transcurso de las mismas. Después de un año de gobierno planificando 3 años a veces no son suficientes para culminar en su totalidad las obras lo que conlleva a que el gobierno siguiente herede muchas veces elefantes blancos (como el estadio de Neiva)
2. Elecciones unificadas: Parecería una locura despúes del enredo en que resultaron las pasadas elecciones, pero sucede a las mil maravillas en otros países. Adicional a un solo periodo de cinco años sin reelección, los comicios tanto de presidente, cámaras, mandatarios locales y Corporaciones regionales, podrían llevarse a cabo en una sola fecha y con ello acabar con el perpetuo estado electorero en que nos encontramos, en donde una vez pasadas las presidenciales, empiezan las campañas para alcaldes y gobernadores.
3. Voto obligatorio: el abstencionismo no deja de ser una preocupación para nuestra democracia, la mitad de los colombianos habilitados para votar, simplemente lo deja de hacer. El voto obligatorio, con las respectivas excepciones no sólo serviría para vigorizar nuestra institucionalidad sino para acabar con la compra de votos, ya que se volvería insostenible para los políticos poder comprar la conciencia de otros 17 millones de colombianos.
4. Revocatoria de mandato y moción de censura: finalmente, no es que en Colombia no existan estas dos figuras, pero los mecanismos para su implementación se deberían simplificar en aras de que la ciudadanía pueda en la mitad del mandato de un gobernante opinar si está de acuerdo o no con su gestión, sin pasar por los tortuosos requisitos implementados por el CNE. Lo mismo con la moción de censura, hacia los Ministros de un gobierno, las malas decisiones de los jefes de cartera de los presidentes no pueden simplemente pasar de agache mientras que en el congreso por culpa de la marrullería se lo acolitan.
Si el debate fuera serio y alguna de estas propuestas fuera acogida, sería un gran espaldarazo para nuestra democracia.
