lunes, 06 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-08-20 02:44

30 Años del Magnicidio de Galán

Escrito por: Editorial | agosto 20 de 2019

Durante los últimos 50 años, Colombia ha venido soportando un periodo bastante convulsionado producto del narcotráfico que alimentó la proliferación de carteles de la droga, grupos guerrilleros, paramilitares y demás organizaciones delincuenciales que permearon toda la institucionalidad del país. Se convirtió en el más grave problema interno. Ha servido de alimento para toda expresión violenta en el territorio colombiano. Estas organizaciones utilizaron diversos métodos para generar procesos que buscaban el incremento de la violencia paramilitar y que se convirtió en la piedra de toque del enfrentamiento entre los carteles de Medellín y Cali, durante el segundo lustro de la década de los años 80.

Producto de lo anterior, emerge en el escenario político la figura del líder, Luis Carlos Galán Sarmiento, quien bajo las banderas del Nuevo Liberalismo, se convirtió en el más aguerrido luchador contra el narcotráfico en el país. Como lo han expresado diversos actores de la vida nacional, la violencia de la hidra que proviene desde tiempos pretéritos, empezó a adquirir dimensiones insospechadas en esta década perdida para el país. Se presentaron brutales asesinatos de importantes funcionarios públicos y familias que generaron episodios lamentables que fracturaron la estabilidad institucional de la Nación.

El asesinato de Galán hace tres décadas, eclipsó la posibilidad de que fuera elegido presidente de Colombia, como lo demostraban en su momento los sondeos de opinión. Era reconocido en todo el país como el rostro de la esperanza. Sus ideas de respeto a la legalidad y rechazo rotundo al narcotráfico y a sus tentáculos en el Estado, resultaron ser demasiado problemáticas para muchos en el país.

Al tiempo que denunciaba el alcance de los tentáculos de la mafia, el líder santandereano también planteaba una y otra vez la necesidad urgente de reformas profundas para contar con partidos políticos a tono con la nueva Colombia. Era consciente de la importancia de cimentar más la democracia y de la urgencia de modernizar el Estado, para así salvaguardar su legitimidad y garantizar la prevalencia del Estado de derecho.

Así mismo, advertía sobre el peligro de los vicios del bipartidismo, en particular el clientelismo, la corrupción y el fraude electoral. Hoy en día, nuestra nación sigue en la pugna paradójica entre adoptar una modernidad democrática o dejarse seducir por las peores prácticas de nuestra cultura política. Treinta años después debe inspirar su defensa permanente e inquebrantable del bien común, como única vía posible para la convivencia y la realización de los individuos que componen la sociedad colombiana.