¿Y ahora? ¿Quién podrá defendernos?
Por Juan Carlos Ramón Rueda
Los delincuentes deben estar celebrando lo que está pasando con la Policía nacional y ahora debemos prepararnos para el incremento de las actividades delictivas como corolario del escarnio público al que están siendo sometidos los agentes del orden. Hacer estereotipos generalizados de los Policías, sustentados en errores humanos de unos pocos que sin duda deben ser castigados con firmeza y rapidamente, conllevan a que la policía no actúe, a que sus comandantes no asuman riesgos y se generalice la desmotivación en el servicio.
Ser Policía es poner en riesgo la propia integridad en favor de la seguridad de los ciudadanos. Esta es la esencia de su función. El Policía pone el pecho y persigue al delincuente para proteger la vida y bienes de los demás para que podamos convivir. Pero la situación se salió de control, la Policía siente que la ciudadanía no la respalda. La gente violenta está envalentonada y busca la confrontación, hay colectivos de abogados que quieren sacar provecho y buscan demandar al estado, los violentos buscan deslegitimar el ordenamiento institucional y promueven ataques coordinados en su lucha para acceder al poder y, los ciudadanos cansados de todo, simplemente nos dejamos llevar.
A esto le sumamos la instrumentalización de la Policía por los políticos. Desde el presidente que los irrespeta disfrazándose de Policía mientras los envia a enfrentar campesinos o la Alcaldesa de Bogotá que promueve cambios “estructurales” mientras les exige resultados. La sociedad está empezando apenas a salir de un momento de presión social y son meses de confinamiento que tienen a la sociedad como una olla de presión. Los alcaldes son Jefes de Policía, mas no de la Policía. La Policía es una función, una actividad y también un poder. La función la ejercemos todos. La actividad los Policías. El poder lo ejercen los Alcaldes y han abusado de este poder durante el confinamiento pasando por encima de las libertades individuales y dejando sin empleo a miles de personas.
El pasado lunes unos Policías que estaban en el Parque Santander de Neiva llamaron presurosos a sus comandantes porque la marcha ya iba a llegar. La orden fue “escóndanse en donde sea porque no queremos que piensen que los enviamos a molestar”. Terminaron escondidos dentro de la Capilla Colonial mientras pasaba la manifestación. En el Cauca unos indígenas tumbaron una estatua centenaria y ningún policía actuó. Preparémonos, porque hoy ningún comandante quiere correr riesgos. ¿Y ahora? ¿Quién podrá defendernos?
