“VAYAN TAMBIÉN USTEDES A TRABAJAR EN MI VIÑA”
Por el P. Toño Parra Segura padremanuelantonio@hotmail.com
Es bueno recordar en este Domingo 25 del tiempo ordinario el sentido que tienen las parábolas, método preferido en la predicación de Cristo, para descubrir el mensaje y no perdernos en los detalles abundantes con que se expresan.
La iniciativa de la salvación es de Dios y Cristo su enviado no perdió de vista ese presupuesto; el amo tiene urgencia de realizarlo y preocupación por el trabajo de todos.
La clave para entender esta parábola está en la respuesta final que da el dueño del campo a los operarios de la primera hora que se quejaban de injusticia al recibir igual salario que los de la última hora de la tarde. “Acaso no soy libre para hacer lo que quiera en mis asuntos? O tienes envidia porque soy generoso?.
Encontramos problema de interpretación en la igualdad de retribución para una desigualdad del trabajo por la concepción errada que tenemos del reino de Dios. En la época de Jesús había fuerte crisis social y la desocupación era abundante.
A veces intentamos negociar con Dios como si fuéramos iguales a El y así le reclamamos constantemente las obras que hacemos, pero Dios no maneja términos de justicia laboral sino términos de gracia que es un don que El concede al que quiere.
Hay unos puntos interesantes para este Domingo, Jesús quiere que todos trabajemos en su Iglesia, no importa la hora, ni la condición, ni la ciencia que tengamos.
En su viña hay trabajo para todos y a todas las horas. A Jesús no le gusta ver la gente sin hacer nada, alegando que no pueden, que nadie los tiene en cuenta.
Es un interrogante serio para la Iglesia de hoy. Qué estoy haciendo en mi parroquia, en mi barrio, en mi casa? No espere a que lo inviten, busque, pregunte Ud. para qué sirve y ofrézcase para trabajar porque la viña es de todos.
Es un gesto admirable que Dios nos pida colaboración, esto bastaría para preferirlo a Él en el tiempo que nos ha regalado. Lo afirma Pablo hoy en la Carta a los Filipenses: “Para mí, vivir es servir a Cristo y morir es ganarlo para siempre”.
La retribución o paga en el campo de Dios se rige por cánones diferentes a la mentalidad humana. Es verdad que cada uno es hijo de su tiempo y cada mentalidad es tributaria de su época y cultura. Hoy se tiende a analizar la realidad en términos dialécticos y se la concibe como un compuesto de términos contradictorios se citan como ejemplos las antítesis de masculino-femenino, patrón-esclavo, individual-universal, capital-trabajo.
Hemos visto que las soluciones humanas son provisionales, cambiantes y quebradizas. Por eso lo que hace Jesús es enseñarnos a cambiar la mente y el corazón: “Dame Señor un corazón limpio y un espíritu nuevo” (Sal.50) y en términos del Evangelio de hoy: “Vas a ser tú malo porque yo soy bueno?”. Cristo quiso romper los muros de las divisiones creando una unidad en el amor por eso rompe la oposición trabajo-salario. Para Dios la última hora de la conversión es tan importante como la hora primera del Bautismo. Hay muchos ejemplos: Saulo, la pecadora premiada con la primera visión del Resucitado, el buen ladrón, etc.
Trabajemos sin descanso, no esperemos paga humana de honores, de aplausos, de placas, de ascensos, de salarios. Habría una especie de simonía, trabajarle a Cristo sólo por la paga. Nunca es tarde para Cristo, ojalá que no se nos haga tarde en servirle con desinterés.
