martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-04-01 01:37

“Vanitas vanitatem et omnia vanitas”

Escrito por: Jaime Salazar Díaz
 | abril 01 de 2019

¡Siempre la vanidad! Desde los tiempos bíblicos ya conocemos esa deformación de la personalidad que en Colombia ha sido patrimonio, sobretodo, de algunos delfines presidenciales – que no presidenciables -. Parece como si se cumpliera la recomendación que en su época  hicieran cada uno por su lado, Bolívar y San Martín, para regir los destinos de la nacientes repúblicas con la forma de monarquías constitucionales, tal como hoy funcionan – guardando las distancias-  sobretodo España e Inglaterra. En todas partes la idea sufrió inmenso rechazo, especialmente en el cuerpo de generales que los habían acompañado en las arduas batallas de la Independencia –entiéndase en Colombia, por ejemplo, Santander-. Pero pareciese que la idea ha quedado sonando – o mas bien retumbando – y el eco bolivariano ha tenido respuestas de mucha actualidad: Santos y Vargas Lleras. El primer delfín, de los dos, entendiendo con astucia que nunca llegaría al solio presidencial con sus propios votos –para la época inexistentes- resolvió “colgarse” de la popularidad de Uribe y salir avante con su respaldo. Los escollos de su aspiración que pudieran aparecer se manejarían “a lo bestia”, de manera expedita, con procesos penales sorpresivos y ficticios que dejaran a los contendores tendidos en el piso con un “jab”de izquierda: Andrés Felipe Arias y Zuluaga. Lo demás, la traición al electorado ajeno, el proceso “perdonador”, “el nuevo mejor amigo” , y la “brincada” del plebiscito saldrían victoriosos con vistosos espectáculos en la bella Cartagena frente al mar Caribe, donde no faltó el disfraz de cachaco con guayabera blanca y palomita en la solapa, adicionado a las volandas  en el Colón de Bogotá, con banda sinfónica y música clásica que ambientara el video para la solicitud del Nobel a Noruega.

Y ahí lo tenemos sonriente y satisfecho de su último libro, seguramente ya en la mesita de noche de sus delfincitos. El segundo delfín, el hombre del coscorrón, ya en campaña presidencial, cuando no se han disipado los humos de su derrota en las primarias de hace un año, se atraviesa con sus amigos del Congreso para impedir, forzados, puesto que todos no están de acuerdo, que se aclimate por fin una solución civilizada entre los colombianos de distintas opiniones frente al Acuerdo de Paz. La mayoría  elegió a Duque, un demócrata, con la convicción de darle fin a esas diferencias mediante un debate concienzudo en el Parlamento  y en la Corte Constitucional.

Pero se atravesó Vargas Lleras. Busca la pesca de votos de izquierda que no le fueron afectos. Ni lo serán nunca  porque no le creen. Pero él se mete pensando en “su destino” así el país se desangre con el narcotráfico desbordado, las huestes de otro escualo en campaña, que no delfín sino tiburón, el senador Petro, trancando las vías fundamentales del país con la ingenua colaboración de “indígenas”,  maestros, y los que falten. Escribo indígenas entre comillas porque después de 500 años de mestizaje en Colombia, a partir de conquistadores “solteros”,  aborígenes buenas mozas con poca ropa –solo plumas de colores - las posibilidades de etnias puras son un canto a la bandera.

Quien se crea indígena puro tiene por ahí su cante jondo en las coplas familiares   o blanco puro,  no deja de tener su pluma en la biblioteca familiar. No me aparto  que  algunas tribus escondidas en la selva profunda – aunque ya con celular- o algunas bellas reinas del Chocó profundo, de ascendencia africana,  puras de raza, afortunadamente, no se hayan mezclado, porque sus delfines les saldrían chaparritos o, en el caso de Caterine, el salto no le habría alcanzado.


Comentarios