¡Todo cambio!
Por: Carlos Eduardo Trujillo González
Un día despertamos donde la radio, la televisión, los periódicos, así como las redes sociales anunciaron que el covid-19 había llegado al país, en adelante comenzaron a circular los memes, desde ese momento no ha parado y sigue creciendo de manera exponencial frente al número de contagiaos y muertos que hicieron que el mundo fuera distinto. Después del momento nefasto de los chinos, los que han anunciado que ya tienen la vacuna (extraordinario pero raro), los italianos y españoles siguen enterrando a sus muertos, con los hospitales y clínicas colapsadas, momento nefasto que ya invadió a Estados unidos y nosotros ya también hacemos parte de las negativas estadísticas.
Hoy, cuando un estornudo se hizo más peligroso que un misil, donde viajar ya no es un placer, los estadios, discotecas, iglesias, aeropuertos, terminales, centros comerciales, no son los lugares más visitados; para salir hacer compras solo se va en caso extremo; son situaciones que en medio de la cotidianidad y de las cosas que pasaban, las que ni siquiera antes se apreciaban, pero que hacían parte de la dinámica de vida, así como del mundo comercial, tal como los eventos, fiestas, ferias, espectáculos, turismo, reuniones de cualquier índole son cosas que terminan siendo inocuas a la dimensión y gran problema que hoy vive el mundo.
Cuando el covid-19 ataco los países desarrollados, tampoco tuvo piedad con los mandatarios y famosos. Desde que la movilidad no es un derecho, sino una responsabilidad, el lavado de manos una regla a cumplir, de la que podrá depender hasta nuestra propia vida, así como la de los demás se nota que todo ha cambiado.
No hay laguna sin su desagüe, un dicho que le escuchaba a mi padre y que de lo malo hay que sacar lo positivo, será el momento de apreciar lo sencillo, lo obvio, lo lógico, lo fundamental como es sentarse todos a la mesa, orar en familia, desempolvar el parqués, el ajedrez, las damas chinas, el trompo, el viejo domino, volver a la jardinería, dedicarle más a la macota de la casa, la lectura o escritura del libro no terminado, el volver a cocinar juntos y tocar de nuevo ese instrumento que yace guardado hace tiempo; en medio del miedo, angustia e incertidumbre que producen las noticias, el dormir un poco más, también hace bien.
A todo el personal científico, medico, asistencial, operativo y administrativo que hoy se la juega ante la más cercana vulnerabilidad y exposición al enemigo de la salud y la vida, mi más sincero agradecimiento, admiración, Dios los bendiga y les permita la salud y la fortaleza para que sigan salvado vidas; mientras tanto a todos, disciplina, compromiso, responsabilidad, oración. Quedémonos en casa. Muy seguramente esto pasara, hará parte de la historia de la humanidad y permita que nos haga cambiar para bien.
