¿Tareas para los papás?
Por: José Eliseo Baicué Peña
Ya van dos meses de clases y, con ello, llegan las preocupaciones para estudiantes y padres de familia.
Pero la mayor dosis de preocupación, complicación y estrés, se presenta en el núcleo familiar. Un sector de la sociedad que se precia de ser su núcleo, pero que de una u otra manera, no ha recibido, de parte del Estado, de los gobiernos, ni de otras agremiaciones, la atención y apoyo necesarios para que cumpla con la loable misión de ser el germen de los nuevos modelos de personas y de ciudadanos.
Y en la dinámica de estos roles, los padres de familia nos constituimos en los gerentes y orientadores de esa noble misión. Una misión que debe cumplirse a cabalidad y de manera permanente, aunque no hayamos sido preparados para ello. Pues la verdad es que la academia y demás instituciones de educación forman en las áreas de la salud, la ingeniería, la economía, la astronomía, las matemáticas, las artes, el derecho, la biología, y muchas otras más, pero no conozco la primera carrera profesional para aprender a ser padres de familia.
Una labor descuidada por los sistemas de gobiernos y por el Estado, así como por los propios miembros de la familia. Y es apenas entendible que ser padres implica un enorme y serio compromiso que requiere no sólo ser los responsables del sostenimiento del hogar, sino que involucra una serie de acciones como velar por el normal desarrollo de cada uno de sus integrantes, dedicarles el tiempo suficiente, hacer labor de acompañamiento en las diferentes actividades que desarrollan, y fungir como sus representantes en diversas instancias, entre otras funciones.
Eso está bien, y es apenas lógico que sea obligatorio cumplir con tales compromisos familiares y sociales. Claro, además de que hay que trabajar y, en muchos casos, estudiar también.
Pero el asunto se complica cuando, de manera indirecta, a los padres se nos cuelgan, encargan o responsabilizan los compromisos académicos de nuestros hijos. Y me refiero a las tareas que los profesores dejan a los estudiantes tanto en el día a día como en el fin de semana. Estimados profesores, las tareas no son para los padres. Pero dejan tantas que los papás tenemos que ayudar, apoyar y hasta hacer muchas de ellas. Es decir, terminamos repasando, volviendo a estudiar, volviendo a leer y releer. Y no es que me quiera zafar de esta importante labor como guía y coformador de mis hijos. Es más, me gusta hacerlo, y ello contribuye a consolidar una relación de camaradería filial. Pero es que se está exagerando. Se está atiborrando a los estudiantes con un cúmulo de compromisos, tareas, trabajos, y consultas, de tal manera que el tiempo no les alcanza para cumplir con todo. Y de acuerdo a estadísticas del último año, ello contribuye a la deserción.
Y que no se me interprete mal, no estoy alabando la holgazanería; ni patrocinando la mediocridad, ni mucho menos añorando un modelo facilista. Se trata más bien de buscar consensos. De trabajar más en clase, de simplificar procesos. De coordinar con los demás docentes el ejercicio de las tareas. Por ejemplo, podría pensarse en asignar tareas por áreas, por fechas, por metas, por unidades o temas. Pues el hecho de que todos los días los estudiantes estén realizando tareas de tres, cuatro, cinco, y hasta de seis materias no contribuye en nada a un verdadero proceso de aprendizaje de buenos niveles. Por el contrario, se alimenta una especie de apatía, de fobia, de no lugar contra la escuela, contra el estudio, contra la formación.
Se repite de manera constante que el estudio es el camino ideal para el desarrollo. Que solo de la mano de la educación es posible lograr mejoramientos en la calidad de vida de los pueblos. Sí, es verdad, pero no exageremos con las obligaciones académicas … los jóvenes también necesitan su espacio para vivir otros momentos.
