¿Sabe cuántos han muerto violentamente en Colombia?
Por Carlos Andrés Pérez Trujillo
pereztrujillocarlosandres@gmail.com
¡Calma! Vamos bien, pero seguimos siendo violentos. Aunque es muy frecuente escuchar el asesinato de líderes sociales, lo cierto es que las cifras de muertes violentas en Colombia (incluyendo las de homicidio) han disminuido porcentualmente.
De acuerdo con el boletín mensual de Medicina Legal, de enero a mayo de este año murieron de manera violenta 7834 personas (por homicidio, eventos de transporte, accidentes y suicidios). Para el mismo periodo del año anterior, las muertes fueron 9304. Es decir, la disminución porcentual fue del 15,80%, y las personas que dejaron de morir por estos factores fueron 1470.
Debemos alegrarnos por las muertes que no se dieron, sin embargo, pese a la pandemia los homicidios se han seguido presentando. Entre enero y mayo han matado 1968 personas en el país, 736 menos que 2019.
Seguramente en este semestre los expertos en medicina forense explicarán las razones por las cuales, pese a la pandemia, se siguen cometiendo este tipo de conductas punibles.
Si observemos, por ejemplo, las cifras de eventos de transporte –teniendo en cuenta que dos de los meses de este periodo fueron de confinamiento-: se registraron 1968 muertes, mientras que el año anterior fueron 2463.
Aunque el virus nos ha privado de la libertad, curiosamente las muertes se siguen registrando por eventos de transporte en un 80%, y los accidentes siguen ocurriendo en un 87%, es decir, 1027 casos frente a 1159 eventos del año pasado.
Hay una tendencia clara en Colombia y es que pareciera que los más expuestos a estos actos violentos son los adultos, pues la mayoría de muertes ocurren entre los 29 y 59 años de edad. Una edad donde se presume la madurez y de mayor raciocinio. Le sigue, con bastantes muertes, la edad joven de los 18 a los 28 años.
Medicina Legal advierte que las muertes las asumen con base en lo establecido en el Artículo 103 del Código Penal Colombiano, Ley 599 de 2000, es decir: “el que matare a otro”; indistintamente si hay responsabilidad penal o no. Lo que nos obliga a pensar que esas cifras deberían tomarse muy en serio para replantear la obsoleta política criminal.
La educación debe encaminarse urgentemente a la solución amigable de conflictos. Las familias debemos enaltecer el diálogo, antes que la agresión física; la sociedad en general tenemos una deuda histórica con la tranquilidad nuestra y la armonía común.
No puede ser que pese al confinamiento nos sigamos matando.
