martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-03-21 08:15

¿Quién quiere estar en los zapatos del presidente?

Escrito por: Alfonso Vélez Jaramillo | marzo 21 de 2019

Hace cinco años mi columna se llamó ¿quién quiere estar en los zapatos del presidente?, cuando el cargo lo ejercía Juan Manuel Santos. En medio del proceso de paz, el mandatario afrontaba la más encarnizada persecución del uribismo colombiano, que justificaba toda clase de protesta contra el gobierno,  solo por asuntos políticos.

Esto es lo desagradable, que una justa causa se convierta en trampolín para los políticos de profesión, sin haber sembrado una mata nunca.

Llamé  la atención para que frenaran las vías de hecho con taponamiento de carreteras y otras actividades afines, porque son contrarias a la Constitución y la ley y acarrean desgracias para quienes las practican.

Hay que sumarles el mal causado a la sociedad en general, al desarrollo económico del país y, por lo que voy a decir, creo que me van a  caer de nuevo rayos y centellas.

Repito, cinco años después y con otro gobierno, no creo que  exista una sola persona consciente, responsable y libre de politiquería que quiera estar en los zapatos del presidente ahora Ivan Duque, a quien, es la oposición de izquierda la que ataca con los mismos argumentos que utilizó la derecha hace cinco años.

No estoy justificando el paro con vías de hecho que hasta el momento deja varios muertos y heridos, como tampoco puedo justificar que  unas cosas sean buenas o y otras malas, según el mandatario de turno.
 
El Gobierno nacional colombiano, ha sido irresponsable con el sector agropecuario, con los campesinos, con los indígenas, con los empresarios y con todo el que requiere de la atención, especialmente para la exolotación primaria y el desarrollo de la producción agrícola y pecuaria.

Para que cumpla les gusta que le hagan paros y aunque no lo crean estas eventualidades sirven para hacer política venteada, aunque sea con promesas que no se puedan cumplir.

Históricamente hay una serie de errores y salidas en falso, por acción, por omisión o por negociados, y prueba de ello es lo que está ocurriendo con el sector agropecuario, cuya situación económica tiene en la ruina a quienes con sudor en la frente trabajan la tierra, pero son explotados por otros de mayor jerarquía.

La protesta de la minga campesina es justa porque el Gobierno les ha quedado mal. Esto viene desde que la Constitución Política del 91 elevó a rango constitucional los derechos ancestrales de las autoridades y pueblos indígenas, con cuyos atributos se han sentado a negociar y el gobierno les ha prometido y también les ha quedado mal. 

Quiéranlo o no son derechos adquiridos y son  compromisos del gobierno que deben ser atendidos.
Sin embargo no se justifica que tengan derecho a taponar las carreteras, qur que en esta oportunidad agudizó la crisis en el suroccidente del país.

Preocupa el abastecimiento del Sur del país, son cuatro departamentos a los cuales llegan diariamente unas 100 toneladas de alimentos básicos de la canasta familiar, materias primas incluyendo combustible para el transporte y la maquinaria del sector agroindustrial. 

Sin mencionar el transporte internacional con los países del Sur del continente. Las pérdidas son multimillonarias y ya los gremios expresaron su preocupación ante el gobierno.  

El Presidente Duque rechazó  cualquier dialogo mientras exista la protesta, razón por la que pienso que este  paro va para largo, porque ya los arroceros y cafeteros estudian su apoyo directo a la Minga campesina.
                                                      
Así el Gobierno tenga buenas intenciones de cumplirle sus compromisos a los indígenas, no cuenta con un líder claro, que conozca el sector agropecuario, que haya vivido del campo, que sepa de política y que tenga el temperamento para sortear conversaciones con los manifestantes y campesinos, que no son los mismos empresarios del campo. 

Recuerden que los industriales, por obvias razones, siempre han  apoyado las transcendentales decisiones de abrir las puertas del mercado nacional y al mundo con los llamados pomposamente TLC, sin haber preparado al país. 

Y como dije en mi columna anterior, el campesino lo que necesita es subsidio para la producción agrícola y pecuaria, cero aranceles para insumos, cárcel para los especuladores con los precios de los fertilizantes, una verdadera apertura del Banco Agrario, investigación tecnológica y desarrollo de la agroindustria en la propia finca, precios justos protegidos por el Estado y, sobre todo una revolución vial en carreteras y caminos veredales.

Los indígenas  son campesinos y desarrollan las mismas actividades del campo aunque hay que reconocer que sus peticiones y reclamos están envalentonados por el ejercicio político en sus planteamientos reivindicativos, que igualmente merecen atención.

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