¿Queremos más clientelismo y corrupción?
Empieza la recta final de la elección programada para el 27 de octubre. Renovaremos gobernación, alcaldías, asamblea, concejos y ediles. Vuelve la manida frase de ” la oportunidad institucional de fortalecer la democracia regional “.
La elección popular de tales servidores públicos es sin duda alguna un importante avance del mecanismo constitucional de la democracia participativa, a través de la cual, los ciudadanos adquirimos una gran responsabilidad con nuestro propio destino como región.
Los recursos naturales, las oportunidades de desarrollo y bienestar; y el futuro del valioso recurso humano, histórico y cultural de nuestra raza, son los factores esenciales que deberían estar en juego durante tal ejercicio democrático.
Por desfortuna, es indiscutible que en los últimos 20 años hemos elegido 6 gobernadores, tiempo durante el cual, hemos recibido más de CINCO BILLONES DE PESOS en recursos de regalías y del sistema general de participaciones; y al mismo tiempo; los niveles de pobreza de nuestra población, el atraso evidente en las oportunidades de desarrollo regional; y el indiscutible deterioro de nuestros recursos naturales son hoy una triste y dolorosa realidad.
La ineludible pregunta es entonces cuál ha sido la causa o el origen de que estemos en semejante situación?
La respuesta es también inevitable. La falta de liderazgo proactivo cuyo origen no es otro que la politiquería clientelista en que los llamados dirigentes políticos, con muy contadas y honrosas excepciones, han manipulado las opciones de poder en el congreso; en los altos niveles de la administración nacional y en los procesos electorales regionales.
Es inaceptable que la gran mayoría de dirigentes y jefes de los diversos partidos hayan participado activamente en los dos gobiernos de Uribe y de Santos; luego de haber sufrido los huilenses el duro embate del terrorismo destructor de las Farc, sin que la región haya recibido las compensaciones suficientes. Mucho se ha hablado de los proyectos viales de conectividad regional; de los distritos de riego; de la infraestructura indispensable para el desarrollo turístico; de la agroindustria; etc. No obstante, la cruel relidad desmiente tanta demagogia.
Pretendieron convertirnos en una potencia hidroenergética con Betania y el Quimbo pero hemos venido pagando las tarifas de energía más caras del país. Y de contera, tales dirigentes y gobernantes regionales han propiciado sobre todo por gravísima omisión, la mayor amenaza a nuestra rica biodiversidad, por la imperdonable negligencia en estructurar una política pública, seria y eficaz, para el ordenamiento del territorio y buen uso del suelo, condición esencial para garantizar un desarrollo sostenible social y ambiental.
En contraste doloroso, lo que permanentemente estamos observando es el crecimiento exponencial de la pobreza solamente comparable con el de la perversa corrupción.
Ahora nos aprestamos a elegir un nuevo gobernante y en el escenario encontramos tres aspirantes con marcado acento politiquero y clientelista que llevan varios meses en campaña, gastando enormes recursos en sus actividades proselitistas, sin que los ciudadanos conozcamos con certeza de donde provienen tales recursos ni quienes son sus financiadores o aportantes.
Es evidente que legalmente aún no están obligados a hacerlo, aunque sin duda, un gesto de rectitud y transparencia al respecto, les daría mayor credibilidad a sus aspiraciones y confianza a su potenciales electores. No se mencionan sus nombres porque los lectores los identificarán con facilidad.
El otro aspirante que no tiene antecedentes similares a los anteriores y cuya candidatura sustenta en valores y principios, en el rescate de la ética pública y promete lucha frontal contra la corrupción; bien haría en darles ejemplo de esa rectitud y transparencia. Ganaría con ello, credibilidad, reconocimiento y confianza. Amanecerá y veremos.
