¡Qué Semana Santa más atípica!
José Luis Anaya
Pasa una de las semanas santas más atípicas de la historia. Todo el mundo se encuentra en casa, los bares y discotecas se encuentran cerrados, dado el encierro nos toca hablar con el hermano con que habíamos peleado, la meditación y la reflexión de manera espontánea se convierte en una práctica masiva, las familias se sientan en la mesa a la hora del almuerzo, se da gracias por lo poco o mucho recibido y se desea el alimento a quien no lo tiene. ¡Qué semana santa más atípica!
Desafortunadamente la manera más efectiva de obtener orden es bajo la provocación del evidente desorden, es necesario sentirnos en medio del caos para buscar la manera de salir de este, y a veces se hace necesario dejar de ver el vaso medio lleno y empezarlo a ver totalmente vacío para entender que es indispensable este se encuentre lleno.
Esta columna de opinión no tiene intenciones amarillistas, no es la idea ocultar verdades positivas y enfocarnos solo en la realidad negativa, por esta razón, creo que la crisis provocada por aquel virus que me he prometido no volver a mencionar, trae fuertes preocupaciones, dejara heridas muy dolorosas y en consecuencia cicatrices imborrables, pero tal vez, y solo con el pasar del tiempo viendo en perspectiva lo sucedido podremos pensar que era necesario se nos desordenara de tal manera.
Es importante reconocer que la perdida más grande e irrecuperable, son los seres que ya no están, esas casi 102.000 pérdidas son la herida que no cicatriza a consecuencia de la pandemia. Por otro lado, en la economía, todas las bolsas de valores dejaron la bursatilidad para obtener tendencias solamente decrecientes, el comercio internacional en un momento de total depresión, las grandes industrias en su mayoría con producción nula, las medianas empresas en el mejor de los casos solo generan al 20% de las utilidades acostumbradas y la pequeña empresa prácticamente extinta, sin mencionar el matrimonio inverso entre el dólar y el barril del petróleo y como consecuencia de todo lo anterior la ola masiva de desempleo.
También la crisis evidencio el frágil sistema de salud que predomina en el mundo y como consecuencia prácticamente lo colapso, no hay un solo país que tenga las suficientes camas, personal de salud, elementos de prevención y medicamentos para darle frente a una situación como esta.
Pero como dije anteriormente el amarillo no es el color de esta columna, los gestos de solidaridad se han visto como nunca antes, en su mayoría la sociedad está obedeciendo las normas porque al parecer comprendimos para que fueron hechas, nunca antes se había visto a los políticos pensar tanto en el que no tiene que comer y en el bienestar de su sociedad, a los ricos acercarse tanto a los pobres al punto de compartirles, a los grandes artistas dar conciertos totalmente gratuitos, los accesorios de lujo nunca habían tenido precios tan justos e incluso jamás habían sido tan subvalorados, la labor del campesino por fin se hace importante, la sociedad agradece la labor de los líderes religiosos dada la voz de aliento que ellos brindan, pero por encima de todo la vida se hace importante porque reconocemos su fragilidad.
