¿Parlamentar?
Por Jesús Andrés Vargas Gutiérrez
La imagen es de la semana pasada, cortesía del canal del Congreso. Allí se ve a un congresista huilense, que de manera airada y vehemente en plenaria de la Cámara de Representantes exige soluciones prontas para la crisis vial acaecida en el Departamento como consecuencia de eventos naturales en las vías que son competencia del gobierno nacional.
Buena intervención hay que decirlo, pero no pude evitar observar que, mientras el congresista hablaba, nadie, absolutamente nadie ponía atención.
Gente de pie hablando con el compañero de al lado, personas sirviendo alimentos, la mesa directiva totalmente desconectada, y lo que parecieran ser asistentes de los representantes, entregando documentos a sus jefes sin el mayor respeto por el orador.
Da tristeza que, en el epicentro de la democracia, muchos hablen, pocos escuchen. Y aunque queden los registros de audio, es reprochable tan poca empatía por la crisis en nuestra región.
La realidad es que, este tipo de episodios no son más que un patrón de lo que sucede desde hace mucho tiempo, producto de la desconfiguración de la principal característica de un congreso, el debate y el dialogo.
Muchos dirán, <<pero este no es un régimen parlamentario sino presidencialista>>, como si equipararlo a uno parlamento fuera algo negativo.
De hecho, se han implementado normas para asimilarlo más a un parlamento europeo, como el estatuto de la oposición por ejemplo.
Ojalá lo fuéramos, desde la organización misma de los escaños, ya sea en forma de Caracol escalonado como en España donde los diputados pueden tener una visión de 180 grados de sus compañeros, o como en el Reino Unido, donde la facción del gobierno se sienta justo al frente de la oposición. En dichos parlamentos además, los sitios dónde se ubican sus miembros, son bastantes reducidos, pequeños, hasta incomodos, casi que obligando a la persona a estar alerta y pendiente para la respectiva replica. Aquí los congresistas gozan de cómodas, amplias y mullidas poltronas que invitan al descanso y al reposo, casos se han visto de hecho.
Ha de tenerse en cuenta además, que sólo a los miembros del parlamento o del Congreso les es permitido estar en el hemiciclo o recinto mientras se sesiona.
Fuera de los elementos de forma, en dichos parlamentos, el respeto por aquel que está en uso de la palabra, es casi que absoluto, el presidente de la Cámara, además, está en la obligación de hacer respetar al orador, so pena de expulsar del recinto a quien ose a interrumpir incluso con murmullos.
Mucho por aprender y sobre todo mucho que imitar a ver si la palabra vuelve a ser protagonista en nuestro Congreso, pero más importante aún, que los oídos de los “padres de la patria” sean usados como debe ser.
